miércoles, 10 de agosto de 2016
Mateo 18, 21-33 ¡Perdona siempre!
“Acercándose Pedro a Jesús le preguntó: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
Una vez más, Pedro hace de portavoz del grupo (como en 17, 24). A diferencia de 18, 15, aquí el pecado consiste en una ofensa personal contra un miembro de la comunidad (“contra mi”): mentir, calumniar, etc. Obviamente, Pedro creyó que se era ya muy generoso perdonando hasta siete veces.
Podemos traducir este número como setenta veces siete. Sean 77 o 490 las veces, lo que importa es que no hay límite alguno a la voluntad de perdonar. El número alude al Gn. 4, 24: “Caín será vengado siete veces| y Lamec setenta y siete.”
Tras responder a la pregunta de Pedro, Jesús lo ejemplifica con una parábola, que ilustra, no la cantidad del perdón (¿cuántas veces?), sino la calidad: “de corazón”, “sin límites.” Si Dios no pone límite alguno, los hombres no pueden poner el límite. Por otra parte, quienes pusiesen límites al perdón de los demás, se podrían encontrar con los límites al perdón puestos por Dios.
Se suele decir que errar es humano. ¡Nadie puede decir que no haya hecho mal a alguien! Podemos ofender con nuestros pensamientos, palabras o acciones. Frecuentemente nos acercamos al perdón de Dios en el Sacramento de la Reconciliación, y nuestro arrepentimiento es aceptado aun cuando reincidimos continuamente. Por tanto, estamos en permanente necesidad de perdón, que, primero viene de Dios, después de los hermanos y hermanas.
Jesús nos recuerda que, para conseguir el perdón, antes necesitamos perdonar. Cuando Él enseñó a rezar a sus discípulos, dijo: “Padre nuestro que estás en los cielos… perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” Este es el gran reto de nuestra vida cristiana. Todos sabemos que necesitamos perdón, pero encontramos difícil perdonar, especialmente si nos son cercanos, queridos, y nos hieren de algún modo.
Sólo a través de la gracia de Dios podemos dar los primeros pasos en nuestra reconciliación con los demás, porque solo así damos nuestros primeros pasos en nuestra “participación de la naturaleza divina”, como escribe Pedro en sus cartas. Avanzamos con confianza porque podemos depender de Dios que perdona nuestras ofensas cuando nos arrepentimos de nuestras maldades. Con este gran don de generosidad, somos movidos a compartir con los demás el mismo perdón que hemos recibido de Dios.
Felices quienes al rezar como Jesús nos enseñó tienen siempre presente que es Dios quien nos perdona en primer lugar, quien nos ama primero, y que nosotros, a nuestra vez, debemos estar siempre preparados para perdonar y amar a los demás.
Dios de Misericordia, sé que nunca has negado mi arrepentimiento; haz que, consciente de ello, no dude yo en acercarme a la confesión y voluntariamente desee siempre perdonar a mis hermanos y hermanas cuando ellos me ofendan.
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