miércoles, 5 de agosto de 2015

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-10



Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador… Se le aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “ Maestro, ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Estaban asustados y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: “Éste es mi Hijo amado, escuchadlo”.
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús…
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”.




Comienza con seis días después, simbolizando el día del descanso, día de relación entre Dios y su pueblo.Se va con Pedro, Santiago y Juan, los llevó a una montaña muy alta, lugar significativo para el encuentro con Dios. Sus vestidos se volvieron de una blancura deslumbrante, simbolizando la divinidad. Las figuras de Elías y Moisés indican la profecía y la Ley. Una nube que los cubrió signo de la presencia de Dios.
Todos estos rasgos nos indican que Jesús tiene un encuentro profundo con Dios. Jesús pasa a ser la ley y el profeta por excelencia. Jesús tiene parte de esa divinidad del Padre. La expresión que le confirma en su identidad profunda es “Este es mi Hijo amado”, rasgo que se repite en el bautismo. Lo nuevo es escúchenlo

Los discípulos perciben algo de lo que experimenta Jesús pero no llegan a comprender del todo. Ellos son testigos.
A este texto, le precede la perícopa donde Jesús invita a su seguimiento, éste implica una opción personal a la llamada. El seguimiento surge y se fortalece en el volver continuamente a ese: escúchenlo. El encuentro con Dios es personal e intransferible. La fe, la identidad de ser hijos e hijas amadas, no se transmite, se vive y se contagia a través de gestos de vida, de cariño, de cercanía hacia los otros.
Por ello, estamos invitados a vivir esa experiencia de transfiguración, donde descubrimos nuestra identidad profunda, la que nos lleva a implicarnos a favor de la vida, la justicia y el amor. Apostemos por crear espacios “montaña” donde las personas podamos reconocernos de forma consciente como hijos e hijas amadas.


 
Sal 96, 1-2. 5-6.
 
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.


El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

 Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
 
 

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