En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.»
Jesús hace una denuncia profética de los falsos predicadores de Dios, concretándolo en los escribas y fariseos, pero sus palabras van mucho más allá de aquella época histórica y nos interpelan claramente a los cristianos de todos los tiempos, a nosotros que ahora leemos el texto de San Mateo y de seguro que conocemos muy de cerca esta realidad que denuncia el Señor. No puedo menos que recordar el testimonio de un auténtico profeta de nuestros tiempos: Oscar Romero, arzobispo de San Salvador, que fue asesinado por denunciar en nombre de Cristo las injusticias y las hipocresías de quienes se confesaban cristianos y explotaban a los más pobres del pueblo.
Al igual que afirmábamos en el texto de Tesalonicenses, la verdadera predicación del Reino de Dios ha de ser sincera, comprometida y valiente. La hipocresía es una grave enfermedad que desmiente muchas veces a nuestra Iglesia.
¿Cómo es mi predicación del Evangelio? ¿Doy testimonio? ¿Sigue hoy siendo actual la denuncia profética de Jesús? ¿Reconozco en la Iglesia a verdaderos Profetas del Reino?
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