martes, 15 de marzo de 2016

san Juan 8, 31-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: - «Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.» Le replicaron: - «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"~» Jesús les contestó: -«Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.» Ellos replicaron: -«Nuestro padre es Abrahán.» Jesús les dijo: - «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.» Le replicaron: - «Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios.» Jesús les contestó: - «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.» 


Como Jesús; como vivió y murió él; como nos indicó que viviéramos y muriéramos nosotros. Porque “quien comete pecado es esclavo”. Lo impresionante es que Jesús lanzaba estas palabras a quienes se creían más cumplidores y mejores que todos los demás, sin darse cuenta que, siendo cumplidores, fallaban en lo fundamental.
Seremos auténticos “hijos de Sara” y de Abrahán cuando nuestro seguimiento nos lleve a cumplir lo que nos dice hoy Jesús: ”Si os mantenéis en mi palabra seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. ¿Dónde quedan, entonces, los ritos, las leyes, las costumbres? No hay que despreciarlo ni supravalorarlo. Todo eso validará la autenticidad de nuestro ser de discípulos. Pero, lo primero es la persona, el ser humano. Para él se hizo el sábado y el resto de las leyes, que son importantes, aunque lo fundamental y definitivo es la persona humana, inhumanamente tratada, a quien, por misericordia –como se nos recuerda tan fuertemente este año con este Jubileo-, podemos y debemos “dar de comer, de beber, vestir, recibir aunque sea extranjero, visitar, liberar, curar y, en su caso, perdonar”. Así nos lo dice Santiago en su Carta Católica: “La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo” (1,27).
No siempre hemos pensado y hablado bien de la libertad. Después de lo que dice hoy Jesús, ¿la aprecio o llego a desconfiar de ella?
¿Qué puesto doy, en mi lista particular de obras de misericordia, a la veracidad y a la liberación? 



Señor Jesús, tú que confiaste en la vida silenciosa de José de Nazaret para crecer y desarrollarte como miembro del género humano, perdona muy especialmente, hoy, nuestras continuadas faltas de amor contra nuestros hermanos.

¡Oh Dios, hermoso y bello!
Eres como una brisa, más imponente en los picos nevados,
liso como un valle sonriente, bravo con un mar,
y con el encanto de los niños y adolescentes,
de los jóvenes, los adultos y los ancianos


Si no seguimos sus palabras, no será posible llamarnos discípulos del Maestro. Los discípulos nominales destruyen Reino de Dios desde dentro. ¿Dónde estamos situados nosotros realmente? ¿Las palabras de Jesús encuentran espacio en nosotros? Jesús quiere que nos situemos. Nos ha manifestado la verdad. Jesús es la Verdad, pero nosotros no la reconocemos porque no pertenecemos a Dios.

Jesús denuncia nuestra mentira. Un mentiroso es uno que se agazapa y se encierra en sí mismo por miedo a Dios y a los hermanos. Jesús nos libera. La verdad nos hace libres. Él nos da el valor y la fuerza para aceptar nuestra situación. Nos da la oportunidad de arrepentirnos y pedir perdón. La verdad nos da la libertad. Nos libra de las falsas imágenes que nos hacemos de nosotros mismos y nos enseña a abrirnos a los demás con sinceridad: hacia aquél que es el Hijo del Dios Vivo y hacia todos los hijos de Dios que Él pone en nuestro camino.

Creer en Jesús consiste en darse cuenta y confesar que siempre estamos necesitados de la libertad y que tenemos siempre una oportunidad renovada para alcanzarla. Sólo abriéndonos a la libertad nos encontraremos con Él que es la Verdad, la Palabra que es Libertad. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-16#sthash.1UPSG0To.dpuf

lunes, 14 de marzo de 2016

Números (21,4-9):





En aquellos días, desde el monte Hor se encaminaron los hebreos hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edom.
El pueblo se cansó de caminar y habló contra Dios y contra Moisés:
- «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin sustancia».
El Señor envió contra el pueblo serpientes abrasadoras, que los mordían, y murieron muchos de Israel. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
- «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes».
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
- «Haz una serpiente abrasadora y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla».
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.


Es una verdad incontestable que solamente la fe salva. En la historia de los israelitas, ellos mostraron cuánto creían en esta verdad. Mientras iban  caminando y vagando por el desierto, se rebelaron contra Dios. El mismo Dios los castigó enviándoles serpientes venenosas.  Finalmente se arrepintieron y pidieron a Dios que los liberara. Ellos manifestaron así su fe en el poder de Dios. En esta historia, el remedio se presenta en forma de una serpiente de bronce colocada en un estandarte, de tal manera que quien la miraba quedaba curado.  ---  En el Evangelio los fariseos tienen que aceptar a Cristo con fe,  si quieren salvarse.  --- Nosotros también tenemos que mirar la cruz de Cristo con ojos de fe, para llegar a ser personas libres e hijos e hijas de Dios. Y nosotros, la Iglesia, tenemos que convertirnos en verdaderos signos de salvación alzados sobre las naciones



 Oh Dios nuestro, misericordioso y salvador:
Recorriendo y vagando por nuestros desiertos
de injusticia y falta de amor,
clamamos a ti a voz en grito, pero con temor
o quizás nos quedamos pasmados en silencio,
y algunos en duda y desesperación.
Danos bastante fe y confianza
para mirarle a aquel 
que cargó sobre sí
nuestras dudas y nuestra maldad,
sufrió  por ellas en la cruz
y resucitó desde ellas a una vida nueva:
Jesucristo, a quien aclamamos
como nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

 


Juan (8,1-11):

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:
- «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
- «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:
- «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?»
Ella contestó:
- «Ninguno, Señor.»
Jesús dijo:
-«Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»
La historia evangélica de la adúltera es otra cosa. En ella se contraponen actitudes misericordiosas y actitudes justicieras; detrás de estas últimas, como tantas veces, se esconde la hipocresía. La narración, incluida en el cuarto evangelio, visualiza un principio teológico enunciado unos capítulos antes: “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,17). Pero esa misericordia de Dios no es aceptada por todos; los más cumplidores (fariseos) y los entendidos en las Escrituras (escribas) rechazan a la mujer y pretende que Jesús la condene; no se le acercan para interceder por ella, ignoran que el Siervo de Yahvé “intercedió por los pecadores” (Is 53,12). El gesto de Jesús escribiendo sobre el suelo pudiera ser lo más nuclear de la narración, o una “variación sobre el tema” de sus duras palabras “el que no tenga pecado…”. Por medio del profeta Jeremías Dios había dicho: “los que se alejan de mí serán escritos sobre el polvo” (Jr 17,13). Al parecer, Jesús dice a los inmisericordes acusadores: “los alejados de Dios sois vosotros”; ellos, expertos en el Antiguo Testamento, tuvieron que entender esta silenciosa llamada a cambiar de actitud.

 Oh Dios y Padre nuestro, Dios de vida:
Tú quieres que vivamos y que seamos felices.
Tu Hijo Jesús nos asegura:
“Yo soy la resurrección y la vida”.
No permitas que tu vida muera en nosotros.
Haz que salgamos de nuestras tumbas de pecado,
de mediocridad y temores.
Que la vida triunfe en nosotros,
aun en nuestras incertidumbres y pruebas,
y haz que contagiemos a otros nuestra esperanza
de que nos has destinado para  una vida gozosa sin fin
por medio del primer nacido de entre los muertos,
Jesucristo nuestro Señor.

viernes, 11 de marzo de 2016

Sabiduría 2,1ª.12-22.

Se dijeron los impíos, razonando equivocadamente:
«Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del Señor; es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás, y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.»
Así discurren, y se engañan, porque los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan el premio de la virtud ni valoran el galardón de una vida intachable. 



Los impíos de este pasaje del libro de la Sabiduría son los que “no conocen los secretos de Dios, ni esperan el premio de la virtud, ni estiman la recompensa de una vida intachable”. Tres afirmaciones que van unidas, porque uno de los secretos de Dios es premiar y recompensar la vida virtuosa, la vida del que camina por la senda de la virtud y no del pecado. Por eso se mofan del justo que lleva una vida bien distinta de la suya y con ello denuncia la vida mala y equivocada de los impíos.
Nos es fácil identificar a Jesús de Nazaret como el “justo” de esta lectura. Y todas las afrentas y torturas a que fue sometido hasta ser condenado a una muerte ignominiosa. Pero, y en esto aciertan los impíos, Dios, su Padre, “el que se ocupa de él”, lo auxilió y lo libró del poder de sus enemigos, y lo resucitó al tercer día, recibiendo el premio de “una vida intachable”.
La lección de la vida, muerte y resurrección de Jesús nos la tenemos que aprender. El que obra bien acaba bien; el que obra mal acaba mal. El que sigue a Jesús y vive como Jesús acaba como Jesús, recibiendo el premio de la resurrección a una vida de total felicidad y para toda la eternidad.




 El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias


 El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo librará el Señor



Él cuida de todos sus huesos,
ni uno solo se quebrará.
EI Señor redime a sus siervos,
el no será castigado quien se acoge a él



 



Se cree que el libro de la Sabiduría es el último de los libros del Antiguo Testamento, escrito unos 100 años antes del nacimiento de Jesús. Aunque el texto cita a Salomón como autor, fue escrito por un judío anónimo, de lengua griega, probablemente en Alejandría, Egipto. Esta ciudad era conocida por su energía intelectual y filosófica y por su mezcla cosmopolita de creencias y prácticas. En un tal entorno, era normal que la minoría judía fuese cuestionada en su decisión de seguir comprometida con su fe; de hecho, muchos se alejaron de su fe por causa de las prácticas paganas, movimientos filosóficos seculares y por un estilo de vida hedonista. Gran parte del libro de la Sabiduría, incluyendo el pasaje de hoy del segundo capítulo, se ocupa de la cuestión de permanecer anclados en la Sabiduría de Dios en vez de aceptar el conocimiento aparente de la sociedad secular.

Tenemos ante nosotros los dos extremos: el justo fiel y el violento impío y malvado. Probablemente, los malvados a los que se refiere sean judíos no practicantes, que encuentran la conducta del justo practicante como un recordatorio molesto de su propia infidelidad. Leyendo la primera mitad de este capítulo, se puede apreciar con mayor claridad su filosofía de vida que coloca toda esperanza en el placer terrenal. En el pasaje de hoy vemos cómo se burlan de la creencia de que los justos tendrán vida con Dios después de la muerte corporal, creencia que, ya en esa época, había surgido en el judaísmo.

Leyendo este pasaje durante la Cuaresma, se nos invita a ver a Jesús como el Justo, una interpretación común a lo largo de la historia cristiana. De hecho, el lenguaje es muy similar a la del cuarto "Canto del Siervo" (Isaías 52: 13-53: 12), y parece tener eco en los relatos de la Pasión de los Evangelios (especialmente en Mateo 27: 41-44). Ambos niveles de significado nos ofrecen la oportunidad de volver nuestra mirada hacia los mundos del Antiguo y de Nuevo Testamento para examinar nuestras vidas a la luz de la Revelación. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-11#sthash.4tMB7Mhz.dpuf

jueves, 10 de marzo de 2016

Isaías 49,8-15

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz." Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.» 


Visibile Patris Filius”

Con esta profundidad y belleza nos describe S. Ireneo a Jesús. Seguro que para lograrlo tuvo en cuenta el párrafo evangélico de hoy. Jesús, en él, hace un alegato de su persona y de su misión. Jesús no obra caprichosamente o por su cuenta, sino según los deseos de su Padre. Y más que deseos, porque Jesús obra lo mismo que el Padre: “El Padre y yo somos una misma cosa” (Jn 10,30).
“Os lo he dicho y no creéis”. Ahí estuvo el problema, en la falta de fe. Y ahí pudiera estar el problema, en nuestra falta de fe. Jesús no pudo entonces, y no puede ahora, decirlo más claro. La reacción de los judíos fue la peor: ”Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo, porque no sólo violaba el ´sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios”. El mismo S. Juan, al final de su Evangelio, nos dirá que todo lo que hizo Jesús, todos los milagros, “fue para que creyéramos, y, para que creyendo, tuviéramos vida en su nombre” (Jn 20,31).
Tener vida, vivir, vivir siempre. Esto es lo propio de Dios, y lo que Jesús nos entrega a cambio sólo de creer, en él y en su Padre, ya que él es el rostro e icono del Padre. Pues bien, “como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así el Hijo da la vida a los que quiere, o sea, a los que creen. Algo que no aceptaron nunca los judíos y Jesús tuvo que echárselo en cara: “Aunque no me creáis a mí, creed a las obras” (Jn 10,38).



  • Con amor maternal

Jesús nos muestra cómo es su Padre. Y la liturgia, para preparar lo que nos va a decir Jesús, acude al Profeta Isaías, en uno de sus cuatro cánticos del Siervo de Yahvé, para indicarnos, como el mejor poeta, cómo veía él al futuro Mesías. Es un Canto que resalta el amor de un Dios que quiere a su pueblo, a pesar de sus extravíos. Un Dios que es: pastor, agricultor, médico, y, finalmente, madre.
Con Isaías, Israel vuelve a escuchar –no sólo a oír- a Dios y a secundar su Palabra. Vuelve a confiar en Yahvé; y, fruto de esta confianza, surge la confidencia, la de Dios con su pueblo, y la de este con Yahvé-Dios. Y el pueblo llega a ver a Yahvé como al artífice que se encuentra detrás de todos los acontecimientos de la historia humana, adquiriendo, quizá sin advertirlo, la auténtica teología de la historia.
Bien es cierto que Israel también era humano, y, como tal, vulnerable. Hubo olvidos, infidelidades y comportamientos inadecuados. Pero, Yahvé siempre perdonaba, olvidaba, animaba y seguía siendo su Dios. Las imágenes de Isaías son inequívocas: “Decid a los cautivos: salid; a los que están en tinieblas: venid a la luz”. Y, por si alguno no lo entendía o seguía dudando de Yahvé, Isaías les pone la imagen más tierna, más profunda y más verídica de Yahvé-Dios: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura; no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” –dice el Señor Todopoderoso.




¿Cómo anda nuestra fe? ¿Creemos en serio que Dios no sólo puede curarnos, sino resucitarnos, dándonos vida, vida eterna?
Si nuestra contestación es afirmativa, ¿por qué no se nos nota más en lo que decimos y en cómo lo decimos?

Padre celestial, te damos gracias porque nos has creado y porque estás cerca en los momentos difíciles. Aumenta nuestra fe cuando sentimos que te has alejado y nos has olvidado. Fortalécenos en tiempos de desesperación, danos el valor cuando perdemos la esperanza y acércanos a ti cada día. No permitas que nos alejemos de ti ni de los gozos de tu promesa de estar con nosotros. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-09#sthash.qmZZmQnW.dpuf
Isaías es considerado uno de los profetas más importantes. Sus mayores escritos poéticos fueron compuestos durante el período del exilio babilónico (586-539 a.C.). Isaías profetizó al pueblo de Israel, Judá y muchas otras naciones. Dios le reveló muchas verdades profundas acerca de la venida del Mesías. Isaías también habló al pueblo de Dios de sus caminos pecaminosos. En esta lectura vemos que Dios da esperanza a su pueblo, pero al mismo tiempo les advierte y les castiga por su testarudez e idolatría.

Los israelitas sufrieron cautividad. Fueron exiliados, capturados y oprimidos, y también rechazados. Sufrieron, lucharon contra la injusticia, fueron desposeídos de todo y hechos prisioneros, en la oscuridad. Isaías los consuela y les recuerda que el Señor no los ha olvidado y, de hecho, ha cubierto sus necesidades y ha hecho posible su camino. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-09#sthash.qmZZmQnW.dpuf
Isaías es considerado uno de los profetas más importantes. Sus mayores escritos poéticos fueron compuestos durante el período del exilio babilónico (586-539 a.C.). Isaías profetizó al pueblo de Israel, Judá y muchas otras naciones. Dios le reveló muchas verdades profundas acerca de la venida del Mesías. Isaías también habló al pueblo de Dios de sus caminos pecaminosos. En esta lectura vemos que Dios da esperanza a su pueblo, pero al mismo tiempo les advierte y les castiga por su testarudez e idolatría.

Los israelitas sufrieron cautividad. Fueron exiliados, capturados y oprimidos, y también rechazados. Sufrieron, lucharon contra la injusticia, fueron desposeídos de todo y hechos prisioneros, en la oscuridad. Isaías los consuela y les recuerda que el Señor no los ha olvidado y, de hecho, ha cubierto sus necesidades y ha hecho posible su camino. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-09#sthash.qmZZmQnW.dpuf

miércoles, 9 de marzo de 2016

evangelio según san Juan 5, 31-47

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: - «Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es válido. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan las obras que el Padre me ha concedido realizar; esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su semblante, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no le creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ése si lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no dais fe a sus escritos, ¿cómo daréis fe a mis palabras?» 



En este fragmento de Juan dan testimonio de Jesús: Juan el Bautista: un hombre (v. 33-35), las obras del Padre: los milagros (v.36) y el Padre: Dios mismo (v. 37-38). Todo profeta debía poder justificar la autenticidad de su misión por Dios y queda bien atestiguada en estos versículos. El Evangelio de Juan nos invita a escuchar la voz de Dios. Jesús conoce muy bien la voz y la faz de Dios, y quiere que experimentemos el gozo de esa intimidad de Dios ¡la ausencia de Dios es terrible para el hombre!
Al estudiar las escrituras descubrimos que Dios mantiene siempre su Alianza, metiendo su ley en nuestro pecho y escribiéndola en nuestros corazones, siendo nuestro Dios, fiel y misericordioso, y nosotros, su pueblo “de dura cerviz”.
Actualmente en nuestra sociedad, se repite la incredulidad y la falta de fe de los israelitas, tanto del pueblo en tiempos de Moisés como en tiempos de Jesús. Hemos de ir a Jesús para tener vida. Jesús es el centro y el fin de las Escrituras; desea ser el centro de nuestras vidas. Pidamos en nuestra oración que el Señor no deje de decirnos la verdad, de corregirnos y guiarnos para que vayamos a Él, para que jamás le dejemos, y para que tengamos vida eterna a su lado.








Testigos a favor de Cristo

 a liberación comienza a alborear!

No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? La liberación del exilio está ya a la puerta. El autor interpreta la puesta en marcha hacia la libertad a la luz del éxodo. La vuelta del exilio será vivida, entendida y transmitida como una nueva experiencia de éxodo. Recordar el pasado, pero sin añorarlo, porque Dios tiene poder para volver a hacer las mismas maravillas que antaño. La fe que se apoya sólo en Dios es necesario ponerla en juego en este momento en que quiere realizar algo nuevo, insiste una y otra vez el profeta-poeta. La esperanza es posible porque Dios sigue dirigiendo la historia. Es significativo verificar este dato: cuando Dios se revela a Moisés para enviarlo a la misión de liberar a su pueblo, hay una referencia a los patriarcas con el fin de alentar su esperanza. Ahora el mebaser*  que anuncia la liberación hace una referencia al pasado, al éxodo: aquel mismo Dios que estuvo presente con poder en la salida de Egipto está dispuesto a actuar ahora de nuevo. La referencia a la experiencia del pasado consolida la fe y la confianza para el presente y para el futuro. El pasado no ha de ser contemplado con añoranza; el pasado es garantía para el presente y para el futuro. Este futuro siempre será algo nuevo.


 El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas




martes, 8 de marzo de 2016

Ezequiel 47, 1-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo. Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar. Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho. El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia levante. Midió mil codos y me hizo atravesar las aguas: ¡agua hasta los tobillos! Midió otros mil y me hizo cruzar las aguas: ¡agua hasta las rodillas! Midió otros mil y me hizo pasar: ¡agua hasta la cintura! Midió otros mil. Era un torrente que no pude cruzar pues habían crecido las aguas y no se hacía pie; era un torrente que no se podía vadear. Me dijo entonces: - «¿Has visto, hijo de Adán?» A la vuelta me condujo por la orilla del torrente. Al regresar, vi a la orilla del río una gran arboleda en sus dos márgenes. Me dijo: - «Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente. A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.» 





  • Todo lo que bañe el torrente de agua que mana del Templo será sanado.

En el contexto de una serie de capítulos en que Ezequiel habla del Templo futuro con toda clase de detalles sobre los múltiples aspectos de su construcción y utilización, encontramos el texto que hoy nos ofrece la liturgia: la fuente del Templo.
Al comienzo de la narración se tiene la impresión de que estamos ante una descripción que seguirá siendo ritual o cultual. Y de pronto ¡salta la sorpresa!
“El hombre que llevaba el cordel” invita a entrar en la corriente de agua. Mil codos, y otros mil, y aún mil más. El agua va subiendo de nivel. Y tras los últimos mil codos “ya no se hacía pie” y se retrocede.
A continuación la preciosa explicación de la función sanadora de ese torrente que corre hacia levante y que dará vida a todo aquello que sea alcanzado por la corriente. Simbolismo precioso que, posteriormente, se ha aplicado a la transformación que el bautismo realiza en nosotros.
Pero el texto también puede dar lugar a una lectura más existencial o vivencial cada vez que nos encontramos ante él:
Sentirse entrando en las aguas del torrente, experimentar la sensación de que la altura del agua crece y se va haciendo respetable, alcanzar el punto en el que “no se hace pie”… Y la pregunta emerge inesperada: ¿estoy dispuesta a entrar en ese torrente de agua que da vida hasta “no hacer pie”, hasta perder el control y dejar que sea el agua la que me lleve, y no yo la que decida hasta dónde le dejo llegar?...

Dios es mi salvación y mi fuerza.
Dios es mi salvación y mi fuerza.
 Dios es mi salvador y mi fuerza



 

Dios Padre de misericordia, que
llamaste a tu servidor Domingo de Guzmán
a ponerse en camino en la fe,
como peregrino itinerante y predicador de la gracia,
al prepararnos a celebrar el Jubileo de la Orden,
te pedimos que infundas de nuevo en nosotros
el Espíritu de Cristo Resucitado,
para que podamos proclamar con fidelidad y alegría
el Evangelio de la paz,
por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Jesús: Que por tu gracia pueda yo reconocer siempre que eres tú quien me cura y me conserva en el cuerpo, la mente y el espíritu. De esta forma, confirma mi lealtad a ti como mi Dios y Señor todopoderoso y misericordioso. Amen. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-08#sthash.SguWLmRv.dpuf
esús: Que por tu gracia pueda yo reconocer siempre que eres tú quien me cura y me conserva en el cuerpo, la mente y el espíritu. De esta forma, confirma mi lealtad a ti como mi Dios y Señor todopoderoso y misericordioso. Amen. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-08#sthash.9OmYmRpo.dpuf
Jesús: Que por tu gracia pueda yo reconocer siempre que eres tú quien me cura y me conserva en el cuerpo, la mente y el espíritu. De esta forma, confirma mi lealtad a ti como mi Dios y Señor todopoderoso y misericordioso. Amen. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-08#sthash.9OmYmRpo.dpuf
Jesús: Que por tu gracia pueda yo reconocer siempre que eres tú quien me cura y me conserva en el cuerpo, la mente y el espíritu. De esta forma, confirma mi lealtad a ti como mi Dios y Señor todopoderoso y misericordioso. Amen. - See more at: http://www.op.org/es/lectio/2016-03-08#sthash.9OmYmRpo.dpuf
Dios es mi salvación y mi fuerza.