lunes, 11 de julio de 2016

Isaías 7, 1-9:

Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla. Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín.» Y se agitó su corazón y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento.
Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, y le dirás: "¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina diciendo: "Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel." Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. Si no creéis, no subsistiréis."» 









Es difícil poner en práctica este dicho, porque cuando las cosas le salen mal a alguien, decirle que mantenga la esperanza, que no se deje vencer por el miedo o la desilusión, parece un consejo de poco futuro. Pero seguro que es cierto que cuando lo hemos llevado a cabo, nos hemos sentido fortalecidos al salir de esa situación difícil, a eso le llaman resiliencia.
Cuando un buen escalador se decide a subir a la cima de una montaña muy alta, cuenta con su equipo, con sus fuerzas, con la época mejor, con las condiciones favorables, estudia bien el camino… pero cuando aparece lo imprevisto tiene que tener claro qué hacer para que no se le vuelva todo en contra y pueda perder la vida.


Hay situaciones en la vida que son como subir a las cumbres más altas pero que se presentan sin haber preparado nada, sin tener en cuenta las fuerzas con las que se cuenta para poder sobrellevar la situación y eso si nos coge bien, puede ser un buen aprendizaje, pero si nos coge con las defensas bajas, puede que nos lleve a una caída dura.
Se presenta en la lectura una advertencia de cómo van a ser atacados, pero la confianza y la unión a Dios son fuerza suficiente para no sucumbir al temor de ser destruidos. Puede que la verdadera resiliencia se base en los cimientos en los que pongamos nuestra vida, pocos son capaces de salir fortalecidos de situaciones difíciles si no tienen un buen apoyo.
Ante el ataque de cualquier situación difícil ¿Cuál suele ser tu reacción? ¿Dónde, en qué o en quién pones tu apoyo? ¿Eres capaz de mantener la calma o prefieres salir corriendo?

 Señor Jesús, te damos gracias por haber recibido la plenitud de tu verdad. Permítenos reconocer las miles de formas en las que Tú estás presente en nuestros días. Con tu Gracia ayúdanos a no ser indiferentes a tu Palabra y darla por sabida. Danos el valor para responder a la invitación de la conversión en nuestra vida. Amen.

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