SALMO 91
Es bueno dar
gracias al Señor
y tañer para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.
Esta mañana proclamamos
tu misericordia y fidelidad, oh Altísimo, porque tus acciones antiguas
son nuestra alegría, y la obra de la liberación del Crucificado
el júbilo de nuestro corazón; danos inteligencia para comprender
tus profundos designios, y tañeremos para tu gloria ahora y por siempre.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
La antigua tradición hebrea
reserva una situación particular al salmo 91, que acabamos de proclamar,
como el canto del hombre justo a Dios creador. En efecto, el título
puesto al Salmo indica que está destinado al día de sábado
(cf. v. 1). Por consiguiente, es el himno que se eleva al Señor eterno y
excelso cuando, al ponerse el sol del viernes, se entra en la jornada santa de
la oración, la contemplación y el descanso sereno del cuerpo y
del espíritu.
Aleja, Señor
Jesús, de nosotros nuestro oprobio y haz que tus acciones sean siempre
nuestra alegría y nuestro júbilo, las obras de tus manos; que
quienes hemos sido plantados por mano apostólica en tu casa sigamos
dando fruto por la fe, la esperanza y el amor en los atrios del Padre, nuestro
Dios. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos
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