Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de
Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén
para atacarla; pero no lograron conquistarla. Llegó la noticia al
heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín.» Y se agitó su corazón
y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento.
Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo
Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a
la Calzada del Batanero, y le dirás: "¡Vigilancia y calma! No temas, no
te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente
de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina
diciendo: "Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y
nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel." Así dice el Señor: No se
cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de
Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de
Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser
pueblo. Si no creéis, no subsistiréis."»
Es difícil poner en práctica este dicho, porque cuando las cosas le
salen mal a alguien, decirle que mantenga la esperanza, que no se deje
vencer por el miedo o la desilusión, parece un consejo de poco futuro.
Pero seguro que es cierto que cuando lo hemos llevado a cabo, nos hemos
sentido fortalecidos al salir de esa situación difícil, a eso le llaman
resiliencia.
Cuando un buen escalador se decide a subir a la cima de una montaña
muy alta, cuenta con su equipo, con sus fuerzas, con la época mejor, con
las condiciones favorables, estudia bien el camino… pero cuando aparece
lo imprevisto tiene que tener claro qué hacer para que no se le vuelva
todo en contra y pueda perder la vida.
Hay situaciones en la vida que son como subir a las cumbres más altas
pero que se presentan sin haber preparado nada, sin tener en cuenta las
fuerzas con las que se cuenta para poder sobrellevar la situación y eso
si nos coge bien, puede ser un buen aprendizaje, pero si nos coge con
las defensas bajas, puede que nos lleve a una caída dura.
Se presenta en la lectura una advertencia de cómo van a ser atacados,
pero la confianza y la unión a Dios son fuerza suficiente para no
sucumbir al temor de ser destruidos. Puede que la verdadera resiliencia
se base en los cimientos en los que pongamos nuestra vida, pocos son
capaces de salir fortalecidos de situaciones difíciles si no tienen un
buen apoyo.
Ante el ataque de cualquier situación difícil ¿Cuál suele ser tu
reacción? ¿Dónde, en qué o en quién pones tu apoyo? ¿Eres capaz de
mantener la calma o prefieres salir corriendo?
Señor Jesús, te damos gracias por haber recibido la plenitud de tu
verdad. Permítenos reconocer las miles de formas en las que Tú estás
presente en nuestros días. Con tu Gracia ayúdanos a no ser indiferentes a
tu Palabra y darla por sabida. Danos el valor para responder a la
invitación de la conversión en nuestra vida. Amen.
lunes, 11 de julio de 2016
jueves, 7 de julio de 2016
Mateo (10,16-23):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que os mando
como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y
sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os
entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán
comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis
testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os
preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se
os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis,
el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos
entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se
rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán
por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os
persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no
terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del
hombre.»
Jesús nos lo advirtió desde el principio. Ni lo suyo fue un camino de rosas, ni lo nuestro tampoco: “Os mando como ovejas entre lobos”. Jesús no cierra los ojos. Sabe de la bondad y de la maldad que anida en todo hombre y en toda mujer. Jesús no niega que el hombre pueda ser un lobo para el hombre. Envía a sus discípulos “como ovejas en medio de lobos”. Para ello, primero domestica a ese lobo, que también sus seguidores llevamos dentro, y nos convierte en ovejas. Después, nos manda a sus discípulos como ovejas en medio de lobos, con la sana intención de hacer discípulos suyos, ovejas, a todos los lobos. Se trata de ser discípulo, seguidor de Jesús, el que solo ama y nunca se rige por la agresividad, nunca es lobo…
Jesús, como Dios, es Amor, lo que supone, entre otras cosas, que nunca es un lobo para el hombre, un ser que busque el mal del hombre y sea agresivo con él. Dios es amor, no es un lobo. El hombre, imagen de Dios, es también amor, es oveja, pero también llevamos en nuestro interior la cizaña, la agresividad del lobo. Una vez que dejamos que Jesús, el amor, reine en nosotros, y que seamos ovejas, nos pide que hagamos ovejas de los lobos, los que se dejan guiar por la violencia, y se guíen por el amor y solo por el amor.
Para llevar a cabo esta misión, en el evangelio de hoy, Jesús nos pide a sus seguidores dos actitudes aparentemente contrapuestas. Nos pide ser no sólo sencillos como palomas, sino sagaces como serpientes. Es decir, que empleemos todos los talentos recibidos, todas nuestras luces y fuerzas, para anunciar debidamente el evangelio del amor, para convertir en ovejas a los lobos.
Padre amoroso, nosotros llevamos a cabo nuestro camino en este mundo que Tú has creado, un mundo en el que vemos tanto la Gracia como el pecado y en el que conocemos la alegría y la tristeza. Te pedimos nos hagas testigos poderosos y convincentes de tu Palabra, prudentes y atentos al mundo en el que vivimos, incluso mientras seguimos siendo inocentes y vulnerables a los demás, confiando siempre en tu orientación y en tu presencia en medio de nosotros. Amén.
Jesús nos lo advirtió desde el principio. Ni lo suyo fue un camino de rosas, ni lo nuestro tampoco: “Os mando como ovejas entre lobos”. Jesús no cierra los ojos. Sabe de la bondad y de la maldad que anida en todo hombre y en toda mujer. Jesús no niega que el hombre pueda ser un lobo para el hombre. Envía a sus discípulos “como ovejas en medio de lobos”. Para ello, primero domestica a ese lobo, que también sus seguidores llevamos dentro, y nos convierte en ovejas. Después, nos manda a sus discípulos como ovejas en medio de lobos, con la sana intención de hacer discípulos suyos, ovejas, a todos los lobos. Se trata de ser discípulo, seguidor de Jesús, el que solo ama y nunca se rige por la agresividad, nunca es lobo…
Jesús, como Dios, es Amor, lo que supone, entre otras cosas, que nunca es un lobo para el hombre, un ser que busque el mal del hombre y sea agresivo con él. Dios es amor, no es un lobo. El hombre, imagen de Dios, es también amor, es oveja, pero también llevamos en nuestro interior la cizaña, la agresividad del lobo. Una vez que dejamos que Jesús, el amor, reine en nosotros, y que seamos ovejas, nos pide que hagamos ovejas de los lobos, los que se dejan guiar por la violencia, y se guíen por el amor y solo por el amor.
Para llevar a cabo esta misión, en el evangelio de hoy, Jesús nos pide a sus seguidores dos actitudes aparentemente contrapuestas. Nos pide ser no sólo sencillos como palomas, sino sagaces como serpientes. Es decir, que empleemos todos los talentos recibidos, todas nuestras luces y fuerzas, para anunciar debidamente el evangelio del amor, para convertir en ovejas a los lobos.
Padre amoroso, nosotros llevamos a cabo nuestro camino en este mundo que Tú has creado, un mundo en el que vemos tanto la Gracia como el pecado y en el que conocemos la alegría y la tristeza. Te pedimos nos hagas testigos poderosos y convincentes de tu Palabra, prudentes y atentos al mundo en el que vivimos, incluso mientras seguimos siendo inocentes y vulnerables a los demás, confiando siempre en tu orientación y en tu presencia en medio de nosotros. Amén.
miércoles, 6 de julio de 2016
Oseas (10,1-3.7-8.12):
Israel era una viña frondosa, y daba fruto: cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares; cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía. Tiene el corazón dividido, ahora lo expiará: él mismo destruirá sus altares, abatirá sus estelas. Ahora dicen: «No tenemos rey, no respetamos al Señor, ¿qué podrá hacernos el rey?» Desaparece Samaria, y su rey, como espuma sobre la superficie del agua. Son destruidos los altozanos de los ídolos, el pecado de Israel. Cardos y abrojos crecen sobre sus altares; gritan a los montes: «Cubridnos», a los collados: «Caed sobre nosotros.» Sembrad justicia y cosecharéis misericordia. Roturad un campo, que es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y llueva sobre vosotros la justicia.
Hace algún tiempo, después de que los atletas se convirtieran en celebridades internacionales, un jugador de fútbol americano escribió un libro titulado: "Soy el Tercero". A pesar de que fue el más famoso jugador de su generación tenía una valoración honesta y humilde de sí mismo. En el orden de las cosas reconoció que Dios era el primero, seguido por su familia y amigos, y sólo en tercer lugar por él. Lo más importante es que demostró las prioridades de su vida en la forma en que vivió, especialmente en su generosidad y el cuidado para con un compañero de equipo al que le fue diagnosticado cáncer y luego murió.
En sus palabras al pueblo de Israel Oseas pone de manifiesto cómo las prioridades de su pueblo se han corrompido y distorsionado. A causa de su riqueza y seguridad aparentes que la misma trae los hombres y las mujeres de su tiempo se habían apartado de Dios, confiando en dioses falsos, en su posición social y en sus propias capacidades para garantizar su seguridad y protección. Puesto que ellos mismos ya no se han colocado bajo la soberanía de Dios cuando llegue el momento de la prueba y el juicio su nación se verá colapsada. Oseas, por tanto, les invita a cambiar en el momento presente, a comprometerse con una vida de justicia, a abrazar el orden correcto que Dios ha establecido; un orden en la que el amor de Dios es lo primero, seguido por el amor al prójimo como a uno mismos.
Igual que los israelitas del tiempo de Oseas nosotros también sentimos a veces esta misma tentación de confiar sólo en nuestras fuerzas, de seguir la moda de nuestros propios dioses, de buscar nuestra seguridad no en la relación con Cristo sino en nuestras propias capacidades y fuerzas. Oseas nos llama hoy a vivir en justicia, a reconocer humildemente qué somos y a reconocer que en el orden de la salvación Dios es lo primero; después nuestras familias y nuestros seres queridos, y sólo entonces nosotros, los terceros.
Padre amoroso, nos preguntamos cuáles son la fuente y meta de nuestra vida. Aunque hay que confiar en los dones y habilidades que nos has dado para hacer nuestro camino en el mundo siempre debemos darnos cuenta de que estos dones son dados para tu honor y el servicio de nuestros hermanos y hermanas, y no para nuestra propia alabanza y gratificación. Te lo pedimos por Cristo Jesús nuestro Señor. Amén.
miércoles, 22 de junio de 2016
Mateo 7,21-29:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me
dice "Señor, Señor" entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la
voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel día muchos dirán:
"Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado
demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo entonces
les declararé: 'Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados." El que
escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel
hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia salieron
los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se
hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas
palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio
que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos,
soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió
totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.
Hablar de edificar en tiempos de crisis es tarea aventurada y para pocos, y esto tanto en lo material (sólo los que tienen mucho dinero pueden hacerlo) como en lo espiritual. Sin embargo es justamente en la pobreza del espíritu, es decir, en el abandono en Dios, donde se encuentra uno con lo verdaderamente sólido: Jesucristo, “el amigo que nunca falla”, y con nuestra propia realidad que está más allá de nuestros defectos y hasta de nuestros pecados, que es ser sus imágenes y semejanzas suyas, llamadas a ser ¡hijos de Dios!... Hacer de la amistad con Él el fundamento de nuestra vida, de nuestras relaciones con los demás, de nuestras decisiones, es lo que nos da la firmeza de la Roca. Es en el ámbito de esa amistad donde vamos descubriendo, sin asustarnos, lo que realmente somos y lo que estamos llamados a ser.
Vendrán vendavales, tormentas, cruces, pobrezas las llamaba en el comentario a la primera lectura, pero si trabajo por morar donde Él mora en mí o, si ya moro con Él en el hondón del alma, nada de esto podrá quebrarme.
Ser amigo de Él es fruto de estar con Él, de escucharle, de contarle mis cosas y oír lo que me sugiere en su Palabra, en los hechos. Ser amigo de Él supone intentar día tras día poner en práctica lo que su Espíritu suscita en mi corazón.
¿Hago amistad con Cristo? ¿Es la roca firme de mi vida?
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.
Hablar de edificar en tiempos de crisis es tarea aventurada y para pocos, y esto tanto en lo material (sólo los que tienen mucho dinero pueden hacerlo) como en lo espiritual. Sin embargo es justamente en la pobreza del espíritu, es decir, en el abandono en Dios, donde se encuentra uno con lo verdaderamente sólido: Jesucristo, “el amigo que nunca falla”, y con nuestra propia realidad que está más allá de nuestros defectos y hasta de nuestros pecados, que es ser sus imágenes y semejanzas suyas, llamadas a ser ¡hijos de Dios!... Hacer de la amistad con Él el fundamento de nuestra vida, de nuestras relaciones con los demás, de nuestras decisiones, es lo que nos da la firmeza de la Roca. Es en el ámbito de esa amistad donde vamos descubriendo, sin asustarnos, lo que realmente somos y lo que estamos llamados a ser.
Vendrán vendavales, tormentas, cruces, pobrezas las llamaba en el comentario a la primera lectura, pero si trabajo por morar donde Él mora en mí o, si ya moro con Él en el hondón del alma, nada de esto podrá quebrarme.
Ser amigo de Él es fruto de estar con Él, de escucharle, de contarle mis cosas y oír lo que me sugiere en su Palabra, en los hechos. Ser amigo de Él supone intentar día tras día poner en práctica lo que su Espíritu suscita en mi corazón.
¿Hago amistad con Cristo? ¿Es la roca firme de mi vida?
Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra.
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre.
Mateo 7, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.
La mayoría de los seguidores de Jesús no somos ángeles ni “falsos profetas”; sólo personas, normalmente buenas, aunque, como humanas, a veces nos equivoquemos. Buscamos un corazón limpio, para que lo que decimos, lo que hacemos, lo que pensamos y hasta lo que soñamos sea igualmente claro. Aunque no lo consigamos, intentamos ser transparentes: sin necesidad de aparentar nada. Buscamos ser lo mismo por dentro y por fuera, en nuestras manifestaciones. Y eso que se transparenta, según San Pablo, son frutos del Espíritu: "amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de uno mismo" (Gál 5,19-26).
No tengamos miedo. En cuanto seguidores de Jesús e hijos de la Verdad, tendremos siempre la fuerza prometida del Espíritu para no equivocarnos y para que no se equivoquen con nosotros. Se nota enseguida quién se busca a sí mismo y aquel que sólo intenta vivir el misterio para poder señalar el camino a los nuevos “Nicodemos”. Como “profetas verdaderos”, lo nuestro es el respeto, la armonía, la cercanía y la bondad.
Si “por los frutos los conoceréis”, ¿qué clase de árbol diría yo que soy?
¿Estarán los demás de acuerdo con la identidad que creo tener?
-«Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.
La mayoría de los seguidores de Jesús no somos ángeles ni “falsos profetas”; sólo personas, normalmente buenas, aunque, como humanas, a veces nos equivoquemos. Buscamos un corazón limpio, para que lo que decimos, lo que hacemos, lo que pensamos y hasta lo que soñamos sea igualmente claro. Aunque no lo consigamos, intentamos ser transparentes: sin necesidad de aparentar nada. Buscamos ser lo mismo por dentro y por fuera, en nuestras manifestaciones. Y eso que se transparenta, según San Pablo, son frutos del Espíritu: "amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de uno mismo" (Gál 5,19-26).
No tengamos miedo. En cuanto seguidores de Jesús e hijos de la Verdad, tendremos siempre la fuerza prometida del Espíritu para no equivocarnos y para que no se equivoquen con nosotros. Se nota enseguida quién se busca a sí mismo y aquel que sólo intenta vivir el misterio para poder señalar el camino a los nuevos “Nicodemos”. Como “profetas verdaderos”, lo nuestro es el respeto, la armonía, la cercanía y la bondad.
Si “por los frutos los conoceréis”, ¿qué clase de árbol diría yo que soy?
¿Estarán los demás de acuerdo con la identidad que creo tener?
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes.
Muéstrame, Señor,
el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente. .
Enséñame a cumplir tu voluntad y
a guardarla de todo corazón. .
Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. .
Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés. .
Aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra..
Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia.
el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente. .
Enséñame a cumplir tu voluntad y
a guardarla de todo corazón. .
Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. .
Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés. .
Aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra..
Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia.
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martes, 21 de junio de 2016
segundo libro de los Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36
En aquellos días, Senaquerib, rey de Asiria, envió mensajeros a Ezequías, para decirle:
-«Decid a Ezequias, rey de Judá: "Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en ' manos del rey de Asiría. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asíría a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?"»
Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo.Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.» Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: -«Así dice el Señor, Dios de Israel: "He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiría. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: 'Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiría:No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad -oráculo del Señor-. Yo escudaré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo. » Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
Tras la muerte del rey Salomón se divide el reino en dos: Judá e Israel. Los libros de los Reyes hacen una lectura de fe de esta convulsa época hasta el destierro de Babilonia (587 a.C.) El texto de hoy se sitúa en el reino de Judá, en tiempos del rey Ezequías y el profeta Isaías. El tono con que se habla de los reyes es normalmente negativo por su comportamiento corrupto e idolátrico, alejado de la Ley de Moisés y los Profetas. Pero Ezequías es un rey fiel a Dios, y es protegido y bendecido por Él. “Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla”.
Hoy celebramos también la memoria de San Luis Gonzaga, un joven heredero de familia noble, del siglo XVI, que renunció a sus derechos como primogénito para ingresar en la Compañía de Jesús. Otro hombre fiel a Dios, que encontró su felicidad y bendición en la entrega de su vida. Sus biógrafos recogen esta frase que dijo a su hermano cuando le cedía sus derechos: “¿Quién de los dos es más feliz? Ciertamente, yo”.
-«Decid a Ezequias, rey de Judá: "Que no te engañe tu Dios en quien confías, pensando que Jerusalén no caerá en ' manos del rey de Asiría. Tú mismo has oído hablar cómo han tratado los reyes de Asíría a todos los países, exterminándolos, ¿y tú te vas a librar?"»
Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó; después subió al templo, la desplegó ante el Señor y oró: «Señor, Dios de Israel, sentado sobre querubines; tú solo eres el Dios de todos los reinos del mundo.Tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha el mensaje que ha enviado Senaquerib para ultrajar al Dios vivo. Es verdad, Señor: los reyes de Asiria han asolado todos los países y su territorio, han quemado todos sus dioses, porque no son dioses, sino hechura de manos humanas, leño y piedra, y los han destruido. Ahora, Señor, Dios nuestro, sálvanos de su mano, para que sepan todos los reinos del mundo que tú solo, Señor, eres Dios.» Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: -«Así dice el Señor, Dios de Israel: "He oído lo que me pides acerca de Senaquerib, rey de Asiría. Ésta es la palabra que el Señor pronuncia contra él: 'Te desprecia y se burla de ti la doncella, la ciudad de Sión; menea la cabeza a tu espalda la ciudad de Jerusalén. Pues de Jerusalén saldrá un resto, del monte Sión los supervivientes. ¡El celo del Señor lo cumplirá! Por eso, así dice el Señor acerca del rey de Asiría:No entrará en esta ciudad, no disparará contra ella su flecha, no se acercará con escudo ni levantará contra ella un talud; por el camino por donde vino se volverá, pero no entrará en esta ciudad -oráculo del Señor-. Yo escudaré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi siervo. » Aquella misma noche salió el ángel del Señor e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres. Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campamento, se volvió a Nínive y se quedó allí.
Tras la muerte del rey Salomón se divide el reino en dos: Judá e Israel. Los libros de los Reyes hacen una lectura de fe de esta convulsa época hasta el destierro de Babilonia (587 a.C.) El texto de hoy se sitúa en el reino de Judá, en tiempos del rey Ezequías y el profeta Isaías. El tono con que se habla de los reyes es normalmente negativo por su comportamiento corrupto e idolátrico, alejado de la Ley de Moisés y los Profetas. Pero Ezequías es un rey fiel a Dios, y es protegido y bendecido por Él. “Yo haré de escudo a esta ciudad para salvarla”.
Hoy celebramos también la memoria de San Luis Gonzaga, un joven heredero de familia noble, del siglo XVI, que renunció a sus derechos como primogénito para ingresar en la Compañía de Jesús. Otro hombre fiel a Dios, que encontró su felicidad y bendición en la entrega de su vida. Sus biógrafos recogen esta frase que dijo a su hermano cuando le cedía sus derechos: “¿Quién de los dos es más feliz? Ciertamente, yo”.
Dios ha fundado su ciudad para siempre.
Grande es el Señor
y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo,
altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
El monte Sión,
vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar. .
Oh Dios,meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre,oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia.
y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios,
su monte santo,
altura hermosa,
alegría de toda la tierra.
El monte Sión,
vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar. .
Oh Dios,meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre,oh Dios,
tu alabanza llega al confín de la tierra;
tu diestra está llena de justicia.
domingo, 19 de junio de 2016
segundo libro de los Reyes 17, 5-8. 13-15a. 18
En aquellos días, Salmanasar, rey de Asiría, invadió el país y
asedió a Samaria durante tres años. El año noveno de Oseas, el rey de
Asiría conquistó Samaria, deportó a los israelitas a Asiría y los
instaló en Jalaj, junto al Jabor, río de Gozán, y en las poblaciones de
Media. Eso sucedió porque, sirviendo a otros dioses, los israelitas
habían pecado contra el Señor, su Dios, que los habla sacado de Egipto,
del poder del Faraón, rey de Egipto; procedieron según las costumbres de
las naciones que el Señor había expulsado ante ellos y que introdujeron
los reyes nombrados por ellos mismos. El Señor había advertido a Israel
y Judá por medio de los profetas y videntes: -«Volveos de vuestro mal
camino, guardad mis mandatos y preceptos, siguiendo la ley que di a
vuestros padres, que les comuniqué por medio de mis siervos, los
profetas.» Pero no hicieron caso, sino que se pusieron tercos, como sus
padres, que no confiaron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus mandatos y
el pacto que había hecho el Señor con sus padres, y las advertencias
que les hizo. El Señor se irritó tanto contra Israel que los arrojó de
su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.
El relato que nos narra esta lectura de la 2ª de Reyes está inspirado en la dispersión de las tribus de Israel desde Samaria a Asiria. El cronista nos cuenta cómo el rey asirio Salmansar, burlado por el rey Oseas, dispone el exilio y cautiverio de las tribus de Israel en Samaria hacia las tierras asirias. La causa de esta dispersión es la obstinación y el endurecimiento del pueblo frente a los mandatos de Dios. El pueblo de Israel se había olvidado del Dios misericordioso, que los sacó de la esclavitud de Egipto y les dio una heredad para siempre. Ni atendían a Yahvé, ni escuchaban a los diversos profetas del Señor. La incredulidad del Pueblo le hizo culpable del desamparo de Yahvé.
El cronista interpreta la historia de Israel. El pueblo se olvidó de Dios y Dios dejó de su mano a su Pueblo. Cuando no dejamos que Dios actúe en nuestra vida, en nuestra historia, quedamos a merced de los acontecimientos. Nos falta el cobijo, la ayuda, el sentido que Dios da para superar la adversidad. El Pueblo queda desamparado, perdido, disperso, desnortado. Sólo la referencia de Dios, el actuar en su presencia y con sus normas, guían al Pueblo hacia la tierra de promisión. Volver a los mandatos del Señor significa recuperar el sentido y plenitud que el amor de Dios representa para orientar nuestra vida y nuestra propia historia.
El relato que nos narra esta lectura de la 2ª de Reyes está inspirado en la dispersión de las tribus de Israel desde Samaria a Asiria. El cronista nos cuenta cómo el rey asirio Salmansar, burlado por el rey Oseas, dispone el exilio y cautiverio de las tribus de Israel en Samaria hacia las tierras asirias. La causa de esta dispersión es la obstinación y el endurecimiento del pueblo frente a los mandatos de Dios. El pueblo de Israel se había olvidado del Dios misericordioso, que los sacó de la esclavitud de Egipto y les dio una heredad para siempre. Ni atendían a Yahvé, ni escuchaban a los diversos profetas del Señor. La incredulidad del Pueblo le hizo culpable del desamparo de Yahvé.
El cronista interpreta la historia de Israel. El pueblo se olvidó de Dios y Dios dejó de su mano a su Pueblo. Cuando no dejamos que Dios actúe en nuestra vida, en nuestra historia, quedamos a merced de los acontecimientos. Nos falta el cobijo, la ayuda, el sentido que Dios da para superar la adversidad. El Pueblo queda desamparado, perdido, disperso, desnortado. Sólo la referencia de Dios, el actuar en su presencia y con sus normas, guían al Pueblo hacia la tierra de promisión. Volver a los mandatos del Señor significa recuperar el sentido y plenitud que el amor de Dios representa para orientar nuestra vida y nuestra propia historia.
Que tu mano salvadora, Señor, nos responda.
Oh Dios, nos rechazaste
y rompiste nuestras filas;
estabas airado,
pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo.
Tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
y rompiste nuestras filas;
estabas airado,
pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino de vértigo.
Tú, oh Dios, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras tropas.
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
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