martes, 9 de agosto de 2016

Jn 12, 24-26 “Quien quiera… negarse… tomar… seguir "







En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre"

 Antes que nada, debemos considerar la fuerza de los verbos en el primer versículo: “Quien quiera… negarse… tomar… seguir…” Indican las importantes condiciones que Jesús da a los discípulos que quieran seguirlo. Si queremos seguirlo, la preparación que necesitamos es esa… renunciar a nosotros mismos y seguirlo. Nuestra renuncia debe ser material y espiritual, incluyendo por supuesto cosas malas y también cosas que podrían parecer muy buenas. Con frecuencia escuchamos decir a Jesús que, si alguien quiere seguirlo, debe abandonar a sus padres y hermanos (afecto), no llevar dos túnicas ni cayado, y vender las pertenencias (lo material). Además, los discípulos de Jesús deben practicar valores tales como honestidad, humildad, confianza, oración...

“Negarse, renunciar” en el idioma de Vietnam significa cortar cosas. En el evangelio de hoy, Jesús nos pide “renunciar a nosotros mismos”, o sea rechazar o cortar las limitaciones y debilidades que nos impidan alcanzar lo “eterno y perfecto”, o sea Dios. Esto se cumple cargando nuestra cruz.

 Parecería en nuestra vida diaria que la mayoría de nosotros lo hemos hecho bien. Rechazamos “un hábito que no es muy bueno” para alcanzar un “hábito bueno”; esto es bueno y absolutamente posible. Ahora bien, ¿qué tal lo hacemos de la forma que Jesús esperaba de sus discípulos? No es suficiente sólo cambiar hábitos. Aquí lo importante es el por qué renunciamos o cambiamos algo. ¿Lo hacemos en el nombre de Jesucristo? Cuando renunciamos a aquello que nos impide dar testimonio de Cristo, entonces Dios nos da la gracia de llevarlo a cabo. Cambiar para asemejarnos más a Jesús; esto se cumple cuando se realiza “en el nombre de Jesús”.

El budismo y el taoísmo también invitan a las personas a abandonar su yo (ego) en orden a alcanzar la “sabiduría”, que nos es muy necesaria. Jesús nos llama a seguirlo, a abandonar nuestro ego por causa de su nombre. Pero no buscamos nuestra propia sabiduría, sino la de Jesús, y para descubrir esto ponemos confiadamente todo en las manos de Él.
 Señor Jesús, el camino para abandonar las cosas malas e imperfectas a fin de alcanzar lo mejor y más perfecto, no es fácil de recorrer. Descubrimos que es difícil vencer nuestro ego. En este día, a través de tu Evangelio, nos pides que abandonemos muchas cosas, de forma que podamos convertirnos en discípulos tuyos. Debemos renunciar, y después abrazar un don más noble, que es tu vida misma. En esta travesía de convertirnos más plenamente en discípulos tuyos, ayúdanos a identificar el punto clave, que es renunciar a nuestro viejo yo para dejar más espacio para ti en nuestras vidas. Que nuestros corazones estén siempre abiertos para acogerte cada día de nuevo. Amen.





lunes, 8 de agosto de 2016

Mateo 18:1-5, 10, 12-14Suficientemente pequeño para hacer grandes cosas.






En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?" Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: "Yo les aseguro a ustedes que, si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo. ¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños"

 Es muy común asociar la infancia con la inocencia, sin embargo, en la época de Jesús era mucho más típico asociarla con la vulnerabilidad. Socialmente los niños, al igual que las mujeres, no eran más que una clase de propiedad, lo cual los hacía especialmente vulnerables ante la bondad o mala voluntad de los adultos en sus vidas.

También existe en este orden social la relación entre ser vulnerable y ser inútil. Hasta que el niño no desarrolle la capacidad, fuerza física y destrezas necesarias para trabajar, seguirá siendo una carga inútil para el hogar.

Todas estas dimensiones van en contra de cualquier noción de “grandeza” que pudieran tener los discípulos o incluso nosotros mismos.

La lectura omite varios versículos para puntualizar la noción de “los pequeños”, tema de suma importancia en el capítulo 18 del Evangelio de Mateo. Estos versículos dirigen una advertencia muy grave a aquéllos que son obstáculos para los pequeños. Mateo 18 se puede caracterizar como el capítulo de los pequeños y los perdidos.

La solidaridad apasionada de Jesús con los pequeños y los perdidos queda muy clara en este capítulo, y su discurso posee un carácter distintivo muy típico de los diálogos en el Evangelio de Mateo. En Mateo, cada vez que Jesús habla, sus palabras pican.

La “picadura” en los primeros cinco versículos tiene que ver con la importancia de rebajarse o hacerse humilde. Es el mismo concepto de kénosis expresado en el gran himno del segundo capítulo de Filipenses. Claramente se trata de un concepto fundamental para la cristología de la Era Apostólica, asociado aquí directamente con Jesús mismo.

Hoy Sudáfrica celebra el Día de la Mujer. En este mismo día hace sesenta años un grupo de mujeres negras – el segmento más vulnerable y sin poder de la sociedad sudafricana – manifestó en contra del gobierno del Apartheid para exigir los derechos de libertad de movimiento y asociación. La protesta surgió como respuesta al sistema de pasaportes internos para personas negras que existía en el país en aquella época. Este sistema humillaba y controlaba a un segmento de la sociedad ya marginado y excluido.

Esta humillación dio lugar a que surgiera una fuerte solidaridad que marcó el inicio de un proceso social que sacudió las bases de un sistema injusto.

Cuando se unen la humildad y la solidaridad, florece la grandeza. Dios se entrega sí mismo totalmente por solidaridad con la condición humana, haciendo que fluya la redención y se venza la muerte.

La solidaridad que es fruto de la fe y de la relación con Dios entre nosotros - los que no tenemos poder en este mundo - nos capacita para realmente dirigir el mundo según la voluntad de Dios. La potencia de los poderosos de este mundo es una quimera que muy pronto desaparecerá.

A la medida que crezcamos en humildad y seamos capaces de entregarnos nosotros mismos totalmente, el mundo tendrá sed de hacer lo mismo; y así descubrirá la grandeza de estar en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas, los pequeños del mundo, aquéllos que unidos a Dios hacen cosas muy grande
 Dios de amor, en ti reside todo poder y autoridad. Ayúdanos a rechazar las vanas promesas de la riqueza y la grandeza, para que podamos servirte en nuestro prójimo con fidelidad, fervor, y alegría. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amen.


domingo, 7 de agosto de 2016

Mateo 5, 13-19










Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielo

 “¡Vayan! De todas las naciones hagan discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. "
 Señor Jesús, nos sentimos honrados de estar asociados al ministerio de proclamar tu Buena Nueva al mundo. Nosotros hemos comenzado y no cesamos de ejercer constantemente este ministerio que nos has confiado. Ayúdanos a ser fieles a su cumplimiento conforme a tu voluntad. Aumenta en nosotros el fervor y el amor de discípulos que no tienen otra preocupación que la de la evangelización. Renueva nuestras vidas en perfecta armonía con tu voluntad, a fin de que tu Palabra que proclamamos, y nuestras vidas, no sean dos sino una sola, dando testimonio de tu presencia en este mundo de hoy. Amén.

 El Evangelio de hoy nos habla de la sal y de la luz. Los dos elementos son indispensables en la vida cotidiana. Sin embargo, en referencia al papel de la sal y de la luz, Jesús nos indica su significado espiritual. Esto significa que, como cristianos, se nos invita a cada uno a convertirnos en la luz que ilumina al mundo, en la sal que impregna la vida. Esta sal y esta luz no son otra cosa que las enseñanzas y el ejemplo de Jesucristo


jueves, 4 de agosto de 2016

Mateo 16,24-28






Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Quien quiera ser mi discípulo debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Pues quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por mí la encontrará. ¿Qué beneficio tendrá para alguno ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué cosa podría dar alguien en rescate de su alma?  Pues el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada persona según lo que haya hecho. En verdad, yo os digo, algunos que están aquí presentes no gustarán la muerte antes de que vean al Hijo del Hombre, cuando venga en su Reino”

 Antes que nada, debemos considerar la fuerza de los verbos en el primer versículo: “Quien quiera… negarse… tomar… seguir…” Indican las importantes condiciones que Jesús da a los discípulos que quieran seguirlo. Si queremos seguirlo, la preparación que necesitamos es esa… renunciar a nosotros mismos y seguirlo. Nuestra renuncia debe ser material y espiritual, incluyendo por supuesto cosas malas y también cosas que podrían parecer muy buenas. Con frecuencia escuchamos decir a Jesús que, si alguien quiere seguirlo, debe abandonar a sus padres y hermanos (afecto), no llevar dos túnicas ni cayado, y vender las pertenencias (lo material). Además, los discípulos de Jesús deben practicar valores tales como honestidad, humildad, confianza, oración.

“Negarse, renunciar” en el idioma de Vietnam significa cortar cosas. En el evangelio de hoy, Jesús nos pide “renunciar a nosotros mismos”, o sea rechazar o cortar las limitaciones y debilidades que nos impidan alcanzar lo “eterno y perfecto”, o sea Dios. Esto se cumple cargando nuestra cruz.

Parecería en nuestra vida diaria que la mayoría de nosotros lo hemos hecho bien. Rechazamos “un hábito que no es muy bueno” para alcanzar un “hábito bueno”; esto es bueno y absolutamente posible. Ahora bien, ¿qué tal lo hacemos de la forma que Jesús esperaba de sus discípulos? No es suficiente sólo cambiar hábitos. Aquí lo importante es el por qué renunciamos o cambiamos algo. ¿Lo hacemos en el nombre de Jesucristo? Cuando renunciamos a aquello que nos impide dar testimonio de Cristo, entonces Dios nos da la gracia de llevarlo a cabo. Cambiar para asemejarnos más a Jesús; esto se cumple cuando se realiza “en el nombre de Jesús”.

El budismo y el taoísmo también invitan a las personas a abandonar su yo (ego) en orden a alcanzar la “sabiduría”, que nos es muy necesaria. Jesús nos llama a seguirlo, a abandonar nuestro ego por causa de su nombre. Pero no buscamos nuestra propia sabiduría, sino la de Jesús, y para descubrir esto ponemos confiadamente todo en las manos de Él.





A partir de ese momento muchos de discípulos dieron marcha atrás y ya no lo seguían. Jesús les dijo entonces a los doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Maestro, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,66-68)

 Señor Jesús, el camino para abandonar las cosas malas e imperfectas a fin de alcanzar lo mejor y más perfecto, no es fácil de recorrer. Descubrimos que es difícil vencer nuestro ego. En este día, a través de tu Evangelio, nos pides que abandonemos muchas cosas, de forma que podamos convertirnos en discípulos tuyos. Debemos renunciar, y después abrazar un don más noble, que es tu vida misma. En esta travesía de convertirnos más plenamente en discípulos tuyos, ayúdanos a identificar el punto clave, que es renunciar a nuestro viejo yo para dejar más espacio para ti en nuestras vidas. Que nuestros corazones estén siempre abiertos para acogerte cada día de nuevo.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Del libro de Ezequiel 3, 16-19

“Al cabo de los siete días, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos: «Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la palabra y les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: "Vas a morir", si tú no le adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta, morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.





 Un profeta es una persona llamada y elegida por Dios para un ministerio específico: escuchar las palabras de Dios y decirlas al pueblo en nombre de Dios. Así, un profeta se supone que es el portavoz de Dios o, en otros términos, quien presenta a Dios a los otros.

El profeta Ezequiel ha sido elegido por Dios. Dios le ha confiado una misión especial: «un vigía para la casa de Israel». Es enviado a un pueblo rebelde, «los hijos tienen la cabeza dura y el corazón empedernido» (Ez 2,4 ; cf. 3,7). Esta misión es realmente difícil porque el pueblo puede escucharlo o apartarse de él, sin embargo, Dios quiere que ese pueblo sepa «que había un profeta en medio de ellos» (Ez 33,33). Quiere mostrar a ese pueblo que se ocupa de él, que nunca olvida de enviarles sus portavoces. En cuanto al pueblo elegido y amado por Dios, si se niega a escuchar a los profetas, deberá sufrir las consecuencias de sus faltas. Pero si un profeta no cumple su misión, si no es fiel en la transmisión al pueblo de las palabras de Dios, es él quien debe ser responsable ante Dios.

Nosotros, cristianos, también hemos recibido una misión profética de Dios. Se nos ha confiado igualmente la proclamación de Dios y de su Evangelio a los demás. Esto significa la tarea de hacer presentes las palabras de Dios en toda circunstancia de nuestra sociedad y de nuestra vida.

Más aún en un tiempo en el que se relativiza toda norma, sin distinción alguna: tanto la de Dios como la del ser humano, el papel de un profeta se vuelve más importante. Importante no porque represente un papel ejemplar sino porque da testimonio de las palabras de Dios. En efecto, un profeta anuncia las palabras de Dios no como si fueran propias, sino siendo él mismo la primera persona en ser tocada y transformada por ellas. En otras palabras, nuestra experiencia de vivir las palabras de Dios constituye nuestra misión profética en el mundo de hoy.





 Una de las misiones que Jesús nos da el día de nuestro bautismo es la de ser profetas. En cuando discípulos de Jesús, somos invitados a cumplir esta misión en nuestra vida cotidiana.

En el contexto actual de nuestra sociedad, donde uno se vuelve frágil y precario por falta de la verdadera esperanza, cuando se siente más el temor que la fe, cuando el mal domina aún en el alma humana por la guerra, el terrorismo, el racismo, la gran diferencia entre ricos y pobres…, este mundo tiene necesidad de nuestro compromiso profético que da testimonio de la presencia y la preocupación de Dios por sus hijos.

 Señor, estamos inmersos en un mundo que cambia sin cesar. Los progresos científicos y técnicos nos ofrecen muchos beneficios. Sin embargo, debemos estar vigilantes para no convertirnos en sus esclavos. Somos conscientes de que vivir la fe hoy es realmente difícil. Por un lado, nos volvemos indiferentes ante la exigencia de vivir esa fe. Pero, por otro, el hombre contemporáneo se ha creado «un absoluto» con sus propias normas. Señor, sabemos que anunciar tus palabras a los hombres no significa, en nuestros días, condenarlos sino despertarlos para que reconozcan la misericordia y la salvación que siempre les has prometido. Entonces, nuestra misión no es otra que la de convertirnos en un testigo concreto de esa misericordia y esa salvación que, sobre todo, se trasluce en nuestras vidas. Danos tu fortaleza y haznos fuertes y perseverantes para que no abandonemos jamás esta misión. Amen.


martes, 2 de agosto de 2016

Mt 15, 21-28






En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: "Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel". Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" El le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.





 Hoy se nos dice que Jesús entra en los territorios gentiles de dos ciudades fenicias, Tiro y Sidón. En el Evangelio de Marcos, la mujer se refiere como una mujer sirofenicia debido a la configuración del pasaje. Aquí Mateo la llama una mujer cananea hacer un enlace con el vínculo histórico entre esta región y los cancaneos.

Evidentemente, la reputación de Jesús como sanador ha alcanzado los territorios gentiles. La mujer, tal vez la audición de estas historias, se adelanta a Jesús que cure a su hija "que es un demonio muy malo."

En un primer momento, la respuesta de Jesús es negativo y hace hincapié en que él ha venido para primogénito del Señor (Ex 4:22), es decir, "las ovejas perdidas de la casa de Israel." La mujer es la persistencia de nuevo pidiendo a gritos piedad e inclinándose ofrece homenaje a Jesús. Al parecer fuera de lugar, Jesús otra vez niega su petición con las palabras fuertes: "No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros." Sin embargo, la mujer gana su argumento con Jesús mediante el uso de sus propias palabras una repartee.




 La mujer siro-fenicia se utiliza a menudo como un modelo para la oración de intercesión. Ella es persistente en su oración que brota de su amor por su hija. Ella se pasa por alto en un primer momento por Jesús, hace que los discípulos que sienten incómodos con sus gritos, y luego se le habla con dureza cuando Jesús la compara con los perros que no pueden comer la comida reservada para los niños. Y, sin embargo, ella sigue siendo persistente debido a su amor por su hija. Finalmente, usando las mismas palabras de Jesús le gana una y es curada su hija. En medio de ninguna solución que se mantiene constante, humilde y atento.

Esta historia no sólo se aplica a los desafíos que se encuentran en la oración de intercesión, sino también a los desafíos que encontramos en la vida. En ambos casos, la persistencia tiene una fuente común, que es el amor. Es el amor que guía y sostiene a una persona a través de tiempos difíciles de la transición, pérdida, o cualquier tipo de oscuridad. Es el amor que sostiene a Jesús a llevar su cruz en el camino del Calvario. Es el amor que nos sostiene, aunque no estamos seguros de la forma o de sentir que nadie está escuchando.

Cuando nos enfrentamos a los grandes momentos de la vida, es un tiempo para descubrir de nuevo en el amor de Dios nos está llegando y con quién. En el camino a Jerusalén, Jesús mostró cuán grande es el amor se transforma en la persistencia necesaria para caminar a través de la noche oscura en la luz de un nuevo día. Él nos ha dado la gracia de hacer lo mismo


 Señor, Dios nuestro, te damos gracias y te alabamos por tu gran amor por el que nos tratas como hijos e hijas. Que la contemplación de tu Palabra traiga paz en medio de nuestras dificultades, ánimo a nuestra predicación y gloria a tu Santo Nombre. Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén


lunes, 1 de agosto de 2016

Mt 14, 22-36



En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí. Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo". Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".


Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.








 esde antiguo la tradición cristiana había vinculado la narración del pan y del pescado con esta revelación de Jesús a los discípulos caminando sobre el mar.

En la comprensión bíblica, mientras la noche es el tiempo de la amenaza y de la muerte, la aurora es el tiempo de la ayuda divina… Aquí se vive el momento de la gran cristofanía en la cual la presencia divina de Jesús, viene en auxilio de sus discípulos en medio del mar tormentoso de la historia y de la oscura noche de la existencia. El Sal 77,20 se dice: “Por el mar iba tu camino, por tumultuosas aguas tu senda; pero tu huella nadie la conoció”, y el Sal 107,29-30 dice: “Cambió la tempestad en suave brisa y las olas del mar se aquietaron. Se alegraron al verlas tranquilas, y Él los llevó al puerto deseado”. Así se evoca el Éxodo: atravesaron el mar en medio de las dificultades. También evoca la situación de las comunidades dentro del imperio romano: al igual que los discípulos, los cristianos vivían en medio de la noche con el viento contrario y el mar agitado y ¡Jesús parecía ausente!

Para que los discípulos puedan comprender delante de quién están, se requiere que Él se les identifique, porque a la epifanía ante los ojos, debe seguir una audición que la interprete. Las palabras de Jesús no son un reproche sino más bien una llamada al ánimo y a la confianza. Ante el miedo experimentado, es corriente en narraciones semejantes la frase “Soy Yo. No temáis”. Lo más trascendental de la palabra de Jesús a sus discípulos es su auto-identificación: “Soy Yo”. De esta manera nuestro texto coloca a Jesús impresionantemente cercano a Yhwh el Dios de Israel, hasta el punto de atribuirle su nombre.

Se trata de que ellos comprendan quién es ese hombre con quien han estado durante este tiempo y alcancen, en alguna forma, a sondear la profundidad del misterio en el cual han sido introducidos. No es una simple epifanía para que ellos vean el misterio, sino para que experimentando lo que significa, puedan comprometer la vida con Él.

 









En verdad Padre Santo, es justo Alabarte, Bendecirte y Proclamar tu misericordia porque en la persona de Domingo de Guzmán, haz abierto un camino al carisma de la contemplación y la predicación de tu Palabra. Concédenos que encendidos por el fuego de tu Espíritu, anunciemos sin temor, la Buena Nueva a un mundo sediento de Ti. Amen.