domingo, 17 de julio de 2016

Mt 12, 41-42

Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra. Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás.





 El profeta Jonás es el único profeta que Jesús mencionó por su nombre. Era un patriótico israelita que de mala gana recibió la llamada a servir en un país extranjero. A su vez, es el único profeta menor que desarrolla su actividad sólo fuera de Israel. Además, los asirios de Nínive eran considerados enemigos por los israelitas.

Nínive era era la capital del reino de Asiria y se encuentra en el rio Tigris (actual Mosul en Irak), contando con una población de entre 600.000 y 1.000.000 de habitantes. Curiosamente, Dios envía a Jonás a este pueblo extranjero para darles la oportunidad de arrepentirse de sus pecados y de que vuelvan a Él. El envío de un profeta del Dios de Israel a un pueblo extranjero significa que Dios es el Dios de todas las naciones y no sólo de Israel.

El hecho de vestirse de saco y esparcir ceniza sobre la cabeza eran signos de duelo y arrepentimiento. Una consecuencia práctica de arrepentimiento genuino es el cambio de comportamiento. De lo contrario, sólo hubieran sido palabras vacías dichas por la gente de Nínive.

El resto del episodio no se nos da en la lectura de hoy. En su capítulo final, el número cuatro, Jonás encuentra un lugar cómodo desde el cual contemplar la destrucción de la ciudad. Sin embargo, esto no llega a suceder porque Dios acepta el arrepentimiento de sus habitantes. Aunque Dios proveyó a Jonás de un arbusto para protegerle del sol el pobre profeta sufre finalmente quemaduras porque Dios marchita el arbusto mientras Jonás duerme. Jonás se enoja mucho cuando ve que la zarza ha muerto. Dios le reprocha su enojamiento por la planta muerta y su indiferencia por la suerte de los habitantes de Nínive que son mucho más importantes. La ironía es que Jonás está indignado porque sus enemigos han escuchado su predicación y se han arrepentido de sus pecados. Dios, que tenía la intención de destruirlos, ha olvidado su castigo y les muestra su misericordia.

 Las personas que están demasiados llenas de sí mismas, y son demasiado obstinadas en sus opiniones sobre los demás, no dejan espacio para la Salvación ofrecida por Cristo a los demás y a ellos mismos.



 Siempre hay una oportunidad. Dios nunca se cansa de estar en el umbral para buscar nuestro regreso y darnos un nuevo comienzo. Justo cuando pensamos que todo ya se ha "vendido" como en una subasta — a la una, a las dos... — hay espacio de tiempo aún para la sorpresa. Por así decirlo, esto es todo lo que Dios necesita. De esta forma, la pregunta tendría que ser: "¿creamos un espacio en nosotros mismos, en nuestros corazones, para la Gracia de Dios?". Jonás estaba tan lleno de su propio celo y el celo del Señor para sí mismo y para su pueblo que no dejaba espacio para los demás. Tal vez, pensaba que la reunión de todos, especialmente de sus enemigos, en el Pueblo de Dios podía hacer disminuir su amor por Israel.

La historia de Jonás nos habla tanto de su conversión como de la conversión de los ninivitas. Estamos llamados a ser evangelizadores y a presentar a los demás un encuentro con el Señor Jesús. Como predicadores debemos ser ejemplos vivos de conversión, porque somos enviados por Dios a todos los pueblos y a cualquier tipo de situaciones. Dónde vamos no es nuestra elección. Dios es el que nos envía. Cómo vamos depende de como vivamos la Gracia que Dios nos ha dado como predicadores de la Palabra. Siempre hay un poco de espacio en nuestras vidas para dejarnos sorprender por Dios, para acoger la sorpresa que Dios nos tiene preparada. Incluso cuando pensamos que ya no es posible o que no puede encajar en nuestra visión del mundo.

 Señor Dios nuestro, te damos gracias por tu amor universal para con todos los pueblos. Ayúdanos con tu Gracia para que seamos capaces de amar como tú lo haces: sin limites y sin prejuicios. Concédenos que, por medio de nuestra predicación, podamos ser instrumentos de tu reconciliación y hospitalidad, y así todos puedan llegar a conocerte y amarte, encontrando en tu misericordia la paz que todos buscan. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


jueves, 14 de julio de 2016

Mat 12, 1-8





Atravesaba Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: “Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida hacer en sábado”. Les replicó: “¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitido ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa quiero misericordia y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado”


 Buscar siempre el rostro humano de la ley



 El sábado es la observancia ritual más importante del judaísmo, la única directamente estipulada en el Decálogo. Es principalmente un día de descanso, de oraciones y de enriquecimiento espiritual. Es un día de recuerdo, recuerdo de su importancia en la historia de salvación del pueblo judío, y es también un día de observancia para no ejecutar ningún tipo de trabajo. Aunque no hay consenso entre los líderes judíos sobre lo que de hecho puede ser considerado como “trabajo”, los fariseos consideraban que arrancar espigas era un trabajo y que por lo tanto estaba prohibido. Esta era la razón de su indignación contra los discípulos de Jesús. Los discípulos de Jesús, por su parte, solamente arrancaban espigas para satisfacer su hambre y esto estaba permitido incluso cuando el campo no era suyo. El problema para los Fariseos no era que arrancaran espigas, sino que lo hicieran en sábado.

Para defender a sus discípulos, Jesús hace referencia a dos incidentes señalados en el Antiguo Testamento que pueden ser considerados como excepciones a la ley. El primero fue el encuentro entre David y Abimelec, el sacerdote que ofreció a David y a sus hombres “el pan consagrado”, que por ley se supone que no podían comerlo. Antes de dejar que David y sus hombres murieran de hambre, consintió que comieran los panes de la proposición porque no tenía ningún otro pan para ofrecerles. No hay ninguna indicación en la Escritura de que este acto fuera considerado como malo o como un incumplimiento de la ley. En la segunda referencia, Jesús recuerda a los Fariseos el hecho de que cada sábado el sacerdote “trabaja” en el templo para cumplir con sus obligaciones sacerdotales y esto tampoco es considerado como malo o como una infracción de la ley por parte de ellos. Estos ejemplos muestran, no una abolición o desprecio de la ley, sino que hay excepciones humanas.


 Las leyes fueron introducidas en la vida del pueblo de Israel en el momento en que se estaba convirtiendo en una nación. Estas leyes eran necesarias para salvaguardar su evolución, su relación con Dios y con los demás. En esta misma perspectiva, ningún grupo o nación puede funcionar eficazmente sin leyes. Las leyes nos ayudan a ordenar nuestras sociedades y nuestras vidas, y pueden servir para mejorar y proteger nuestras vidas.

La ley está hecha para la persona humana, debe estar al servicio de la persona humana y no al contrario. Esta es la razón por la que el espíritu y el alma de la ley deben estar ordenados al bien de la persona. Sin embargo, ninguna ley humana es perfecta y por eso, en ciertos casos, hay excepciones. En esos casos, sucede que o sacrificamos la ley al bien de la persona humana o sacrificamos el bien de la persona humana a la ley.

En nuestra vida ordinaria, en los distintos lugares y entre los diferentes grupos, tenemos leyes que aseguran el orden y la estabilidad. ¿Cómo se formulan, se interpretan y se ponen en práctica estos preceptos? ¿Es su objetivo mejorar o empeorar a la persona humana? Necesitamos evaluar constantemente nuestros preceptos para asegurarnos que continúan siendo importantes y humanos.

Jesús dijo, “quiero misericordia y no sacrificios”. Ciertamente, aunque Él no ha venido a abolir la ley, se da plena cuenta de los límites de la ley y de la eternidad del amor y de la misericordia. San Buenaventura en su libro, El árbol de la vida, habla de Jesús como “fuente de la misericordia” a la cual, no como en el caso de Judas, debemos volver siempre. Sus leyes son fruto de su amor y de su misericordia por nosotros.

 Dios Todopoderoso, tú nos has mostrado la profundidad de tu amor y de tu misericordia a través del sufrimiento, la muerte y la resurrección de tu Hijo, a pesar de nuestros continuos fallos para observar tus mandatos. Concédenos por tu gracia estos dones inmerecidos, mientras continuamos trabajando para observar tus mandatos y así poder mostrar tu amor y tu misericordia los unos por los otros. Amen



miércoles, 13 de julio de 2016

Isaías 26,7-9.12.16-19:






La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Como la preñada cuando le llega el parto se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz... viento; no trajimos salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo. ¡Vivirán tus muertos, tus cadáveres se alzarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra de las sombras parirá. 






Una persona es justa porque permanece siempre junto a Dios, siempre Le espera, siempre le recuerda, y, en su interior todos los día madruga por Él.
El justo:
• Busca la senda de los preceptos de Dios,
• Sabe que sus juicios son luz de la tierra,
• Sabe que permanecerá en el camino de Dios si es fiel a sus preceptos,
• Sabe que será justo cuando medite y guarde en la mente y en el corazón, el juicio de Dios,
• Sabe que sólo Dios lleva a feliz término lo que hacemos nosotros.
• Sabe que Dios nos dará la paz, porque Él es la paz del mundo y es, también, nuestra paz,
• Sabe que Dios es quien da la fuerza, la vida, el fruto.
• Es consciente de que Dios le allana y hace recto el sendero de su vida,
• Hace de su vida un cántico de acción de gracias,
• Sabe que el Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra para escuchar los gemidos… para librar a los condenados,



 • Madruga por Dios,
• Permite que Dios lleve las riendas de su vida,
• Reconoce que el bien que hace es participación del Bien de Dios,
• Tiene la esperanza puesta únicamente en Dios porque sabe que los que confían en Él serán resucitados de entre los muertos
• Cree que despertaremos jubilosos cuando habitemos en el polvo, porque como dice San Pablo en 1 Cor. 15: Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.

Podemos preguntarnos:
¿La justicia de Dios es mi senda?
¿La justicia de Dios es el programa de mi vida?
¿Siento deseo de estar en contacto con Dios?
¿Le quiero realmente?
Mi espíritu en mi interior, ¿madruga para buscar al Señor?





 Señor de la luz, el amor y la esperanza. Te damos gracias por el don de la vida que nos has dado. Ayúdanos a discernir tu voz que nos llama a acercarnos a ti. Ayúdanos a ser obedientes y abiertos a tu palabra y tu voluntad. Sabemos que sólo en ti aprenderemos a ser mansos y humildes. Gracias Señor, por ser nuestro descanso y refugio, a ti confiamos nuestras vidas, nuestro trabajo y nuestros sueños. Amen.


martes, 12 de julio de 2016

Mateo 11,25-27 :






En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» 

 Este es el párrafo que encontraríamos si siguiéramos leyendo lo correspondiente al evangelio de hoy, y que completa la primera parte. “Venid”, vosotros, los cansados, los perdedores, los que no contáis. Podéis venir también los triunfadores, los ricos, los que ostentáis el poder fáctico en el orden que sea; venid, porque también vosotros necesitáis que “Alguien” os explique las Escrituras, que os hablen del sentido de la vida, de vuestra vida, hoy, aquí y ahora. Venid, incluso, las que, como la Samaritana, hayáis tenido cinco maridos; los que, como Zaqueo, no os falte, aparentemente, de nada en la vida. La invitación es universal, porque ilimitado es el cansancio, el agobio y la soledad. “Venid”, no para descansar definitivamente, sino sólo para cargar pilas con el alivio de su palabra y su persona.

 La diferencia entre ir a él o a algún otro reclamo entre tantos como demandan nuestra adhesión a sus filas, ideas y personas, nos la mostró él un día que, sentado junto a un pozo, se hizo el encontradizo con una mujer, prototipo de todas y todos los cansados y agobiados, la Samaritana. El agua, como el poder y el dinero, calman, no la sed, sino sólo la del agua, la hegemonía y el poderío. Sólo el agua que nos ofrece Jesús puede calmar la sed de felicidad y eternidad que todos sentimos
Siendo adulto ante los hombres, ¿cómo me siento ante Dios?


 Señor Dios, te pedimos que nos concedas la gracia de ser como niños con el fin de aprender en silencio de ti, así como la capacidad de saber como seguir a tu Hijo Jesucristo, que es nuestro Señor ahora y siempre. Amén.


lunes, 11 de julio de 2016

Isaías 7, 1-9:

Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla; pero no lograron conquistarla. Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraín.» Y se agitó su corazón y el del pueblo, como se agitan los árboles del bosque con el viento.
Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, y le dirás: "¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes, la ira ardiente de Rasín y los sirios y del hijo de Romelía. Aunque tramen tu ruina diciendo: "Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel." Así dice el Señor: No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaria es capital de Efraín, y el hijo de Romelía, capitán de Samaria. Dentro de cinco o seis años, Efraín, destruido, dejará de ser pueblo. Si no creéis, no subsistiréis."» 









Es difícil poner en práctica este dicho, porque cuando las cosas le salen mal a alguien, decirle que mantenga la esperanza, que no se deje vencer por el miedo o la desilusión, parece un consejo de poco futuro. Pero seguro que es cierto que cuando lo hemos llevado a cabo, nos hemos sentido fortalecidos al salir de esa situación difícil, a eso le llaman resiliencia.
Cuando un buen escalador se decide a subir a la cima de una montaña muy alta, cuenta con su equipo, con sus fuerzas, con la época mejor, con las condiciones favorables, estudia bien el camino… pero cuando aparece lo imprevisto tiene que tener claro qué hacer para que no se le vuelva todo en contra y pueda perder la vida.


Hay situaciones en la vida que son como subir a las cumbres más altas pero que se presentan sin haber preparado nada, sin tener en cuenta las fuerzas con las que se cuenta para poder sobrellevar la situación y eso si nos coge bien, puede ser un buen aprendizaje, pero si nos coge con las defensas bajas, puede que nos lleve a una caída dura.
Se presenta en la lectura una advertencia de cómo van a ser atacados, pero la confianza y la unión a Dios son fuerza suficiente para no sucumbir al temor de ser destruidos. Puede que la verdadera resiliencia se base en los cimientos en los que pongamos nuestra vida, pocos son capaces de salir fortalecidos de situaciones difíciles si no tienen un buen apoyo.
Ante el ataque de cualquier situación difícil ¿Cuál suele ser tu reacción? ¿Dónde, en qué o en quién pones tu apoyo? ¿Eres capaz de mantener la calma o prefieres salir corriendo?

 Señor Jesús, te damos gracias por haber recibido la plenitud de tu verdad. Permítenos reconocer las miles de formas en las que Tú estás presente en nuestros días. Con tu Gracia ayúdanos a no ser indiferentes a tu Palabra y darla por sabida. Danos el valor para responder a la invitación de la conversión en nuestra vida. Amen.

jueves, 7 de julio de 2016

Mateo (10,16-23):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Mirad que os mando como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero no os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Porque os aseguro que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre.» 


 Jesús nos lo advirtió desde el principio. Ni lo suyo fue un camino de rosas, ni lo nuestro tampoco: “Os mando como ovejas entre lobos”. Jesús no cierra los ojos. Sabe de la bondad y de la maldad que anida en todo hombre y en toda mujer. Jesús no niega que el hombre pueda ser un lobo para el hombre. Envía a sus discípulos “como ovejas en medio de lobos”. Para ello, primero domestica a ese lobo, que también sus seguidores llevamos dentro, y nos convierte en ovejas. Después, nos manda a sus discípulos como ovejas en medio de lobos, con la sana intención de hacer discípulos suyos, ovejas, a todos los lobos. Se trata de ser discípulo, seguidor de Jesús, el que solo ama y nunca se rige por la agresividad, nunca es lobo…






Jesús, como Dios, es Amor, lo que supone, entre otras cosas, que nunca es un lobo para el hombre, un ser que busque el mal del hombre y sea agresivo con él. Dios es amor, no es un lobo. El hombre, imagen de Dios, es también amor, es oveja, pero también llevamos en nuestro interior la cizaña, la agresividad del lobo. Una vez que dejamos que Jesús, el amor, reine en nosotros, y que seamos ovejas, nos pide que hagamos ovejas de los lobos, los que se dejan guiar por la violencia, y se guíen por el amor y solo por el amor.
Para llevar a cabo esta misión, en el evangelio de hoy, Jesús nos pide a sus seguidores dos actitudes aparentemente contrapuestas. Nos pide ser no sólo sencillos como palomas, sino sagaces como serpientes. Es decir, que empleemos todos los talentos recibidos, todas nuestras luces y fuerzas, para anunciar debidamente el evangelio del amor, para convertir en ovejas a los lobos.



 Padre amoroso, nosotros llevamos a cabo nuestro camino en este mundo que Tú has creado, un mundo en el que vemos tanto la Gracia como el pecado y en el que conocemos la alegría y la tristeza. Te pedimos nos hagas testigos poderosos y convincentes de tu Palabra, prudentes y atentos al mundo en el que vivimos, incluso mientras seguimos siendo inocentes y vulnerables a los demás, confiando siempre en tu orientación y en tu presencia en medio de nosotros. Amén. 


miércoles, 6 de julio de 2016

Oseas (10,1-3.7-8.12):






Israel era una viña frondosa, y daba fruto: cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares; cuanto mejor era la tierra, mejores monumentos erigía. Tiene el corazón dividido, ahora lo expiará: él mismo destruirá sus altares, abatirá sus estelas. Ahora dicen: «No tenemos rey, no respetamos al Señor, ¿qué podrá hacernos el rey?» Desaparece Samaria, y su rey, como espuma sobre la superficie del agua. Son destruidos los altozanos de los ídolos, el pecado de Israel. Cardos y abrojos crecen sobre sus altares; gritan a los montes: «Cubridnos», a los collados: «Caed sobre nosotros.» Sembrad justicia y cosecharéis misericordia. Roturad un campo, que es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y llueva sobre vosotros la justicia. 

 Hace algún tiempo, después de que los atletas se convirtieran en celebridades internacionales, un jugador de fútbol americano escribió un libro titulado: "Soy el Tercero". A pesar de que fue el más famoso jugador de su generación tenía una valoración honesta y humilde de sí mismo. En el orden de las cosas reconoció que Dios era el primero, seguido por su familia y amigos, y sólo en tercer lugar por él. Lo más importante es que demostró las prioridades de su vida en la forma en que vivió, especialmente en su generosidad y el cuidado para con un compañero de equipo al que le fue diagnosticado cáncer y luego murió.

En sus palabras al pueblo de Israel Oseas pone de manifiesto cómo las prioridades de su pueblo se han corrompido y distorsionado. A causa de su riqueza y seguridad aparentes que la misma trae los hombres y las mujeres de su tiempo se habían apartado de Dios, confiando en dioses falsos, en su posición social y en sus propias capacidades para garantizar su seguridad y protección. Puesto que ellos mismos ya no se han colocado bajo la soberanía de Dios cuando llegue el momento de la prueba y el juicio su nación se verá colapsada. Oseas, por tanto, les invita a cambiar en el momento presente, a comprometerse con una vida de justicia, a abrazar el orden correcto que Dios ha establecido; un orden en la que el amor de Dios es lo primero, seguido por el amor al prójimo como a uno mismos.

 Igual que los israelitas del tiempo de Oseas nosotros también sentimos a veces esta misma tentación de confiar sólo en nuestras fuerzas, de seguir la moda de nuestros propios dioses, de buscar nuestra seguridad no en la relación con Cristo sino en nuestras propias capacidades y fuerzas. Oseas nos llama hoy a vivir en justicia, a reconocer humildemente qué somos y a reconocer que en el orden de la salvación Dios es lo primero; después nuestras familias y nuestros seres queridos, y sólo entonces nosotros, los terceros.



 Padre amoroso, nos preguntamos cuáles son la fuente y meta de nuestra vida. Aunque hay que confiar en los dones y habilidades que nos has dado para hacer nuestro camino en el mundo siempre debemos darnos cuenta de que estos dones son dados para tu honor y el servicio de nuestros hermanos y hermanas, y no para nuestra propia alabanza y gratificación. Te lo pedimos por Cristo Jesús nuestro Señor. Amén.