lunes, 12 de septiembre de 2016

(1 Cor 12:12-14, 27-31a) Como miembros del único Cuerpo de Cristo, nos necesitamos unos a otros






Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos (…) Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte. Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos? ¡Aspirad a los carismas superiores!





  Pablo solo tenía una vaga percepción de la unidad orgánica de los cristianos y su relación con Cristo cuando escribió a los gálatas. Su comprensión de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, sin embargo, dio un salto adelante al encontrarse con las facciones de Corinto, a las que les dice que son el “Cuerpo de Cristo”, e individualmente son sus miembros. Al llamar a la comunidad cristiana el “Cuerpo de Cristo”, Pablo la ve como la presencia física de Cristo en el mundo. “La misión de la Iglesia es una prolongación en el tiempo y en el espacio del ministerio de Cristo para manifestar, como él hizo, el poder y la sabiduría de Dios (1Cor 1, 24). Su papel es mostrar la intención de Dios para la humanidad y permitir que aquellos que están bajo el poder del pecado alcancen ese ideal (Rom. 3, 9).”

Pablo subraya la unidad esencial de la Iglesia y, secundariamente, su diversidad. De modo semejante,  Juan Crisóstomo, , hace el mismo razonamiento: “si no hubiese una gran diversidad entre vosotros, no podríais ser un cuerpo: y al no ser un cuerpo, no podríais ser uno”.

Pablo usa la metáfora del cuerpo humano para urgir a los corintios a usar sus diversos dones para el bien común. (Es reseñable que no inste a la subordinación de unos miembros a otros por el bien del todo). Como mostrará, el fruto de los diversos papeles que desempeñamos en el Cuerpo de Cristo es el amor.

La unidad experimentada en el Cuerpo de Cristo no es funcional, sino orgánica. Estamos unidos no por un fin común, sino por una existencia común: todos vivimos como uno en Cristo, y Él vive en nosotros: “ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí” (Gal. 2, 20). No puede haber algo así como un cristiano autónomo, al igual que una mano o un pie, cuando se separan del cuerpo, ya no pueden ser llamados “mi cuerpo”.

En el Cuerpo de Cristo, estamos unidos a Él y a los demás en el amor y la dependencia mutua. La comunidad cristiana es la antítesis del mundo con sus divisiones; por ello, los pecados de división dentro de la comunidad han de ser considerados graves.




 Cada uno de nosotros tenemos un papel que desempeñar en la comunidad cristiana. , cada uno de nosotros tenemos una autoridad única en nuestras familias, , lugares de trabajo, áreas de conocimiento, grupos de edad etc. La autoridad también puede nacer de la fe de un individuo, de su devoción, humildad, amor, amabilidad y espíritu de servicio. .

Como miembros del mismo Cuerpo, nos necesitamos mutuamente. Ninguna rama de la familia cristiana puede producir todos los frutos espirituales que el Señor espera, si al mismo tiempo ignora a las demás ramas. El trabajo del exégeta bíblico y el trabajo del que limpia o cocina son igualmente necesarios. Además, se nos llama, como miembros del único Cuerpo, a respetarnos mutuamente, sabiendo que Cristo mora en cada uno de los bautizados y que, en el orden de la naturaleza, somos todos hermanos y hermanas. Finalmente, debemos compadecernos unos de otros. Cuando una parte del cuerpo sufre, todo el cuerpo sufre. Como Crisóstomo dice también, una nariz rota o unas cejas sin pelo, por insignificantes que parezcan la nariz y las cejas, arruinan la belleza común del rostro. Manifestar indiferencia al sufrimiento de un miembro es manifestar indiferencia a Cristo.

 Señor, ayúdame a aceptar mi lugar presente en la comunidad y dame la gracia de servir al Cuerpo de Cristo con generosidad y amor. Que yo haga manifiesta tu presencia a todos aquellos con los que me encuentre, comenzando por aquellos que están más cerca de mí. Amen.



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