Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»
Isaías es el profeta de la esperanza y por ello elegido para acompañarnos en este tiempo de adviento.
Estos primeros versículos del capítulo 26 son un canto de victoria de un pueblo que se siente fuerte porque confía plenamente en Dios. Sabe que Dios es una Roca firme, perpetua, una Ciudad amurallada.
En su historia, el pueblo ha sentido la presencia protectora de Dios bajo la forma de una nube durante el día y de una columna de fuego durante la noche, mientras peregrinaba por el desierto. Tiene larga experiencia de que no fue su propio brazo el que les dio la victoria sobre los enemigos, sino la diestra y el brazo y la luz de su Rostro, porque Dios los amaba (cf. Sal 43). Él es quien derriba del trono a los poderosos (a la ciudad elevada) y eleva a los humildes.
Identificados con este pueblo pobre, que no se siente seguro en sí mismo, sino solamente en Dios, cuyo principal exponente es María, pongamos toda nuestra confianza en Dios, ante quien se desvanecen todas las fuerzas del mal. Y pidamos especialmente esta esperanza para la multitud de cristianos perseguidos en todo el mundo.
"La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos." ( San Francisco de Asis)
Salmo 117,1.8-9.19-21.25-27a
Bendito el que viene en nombre del Señor
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.





No hay comentarios:
Publicar un comentario