viernes, 4 de septiembre de 2015

Colosenses 1, 15-20




Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.





Las cartas de San Pablo nos han transmitido diversos himnos cristológicos tomados probablemente de la primitiva liturgia cristiana de las comunidades por él fundadas. Nos encontramos hoy con uno de ellos.
En este precioso himno, que encontramos en la liturgia de Vísperas de cada miércoles, Pablo nos presenta en dos cuadros, la primacía de Cristo: todo lo creado a nivel natural está referido a Él y todo lo re-creado a nivel sobrenatural tiene en Él su fundamento y origen.



 
 
Todo por Él y para Él: puede ser ésta una buena noticia para nosotros que, a veces, perdemos el sentido de las cosas en nuestra vida, o por lo menos, andamos algo despistados. Dios Padre ha querido poner la persona de su Hijo Jesús, hecho carne, imagen de Dios invisible, como cabeza de todo. ¿Nos dejamos guiar por esta verdad fundamental, o buscamos otras “primacías” en nuestra vida diferentes de la de Jesús? ¿En quién ponemos nuestra confianza? ¿Por qué o quién hacemos las cosas y cimentamos el sentido de nuestra vida?




 






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